La cuestión de los buques inactivos en el puerto marplatense volvió a la primera plana luego de que se produzca el hundimiento del "Ribazón Dorine" en la sección 5ta del muelle 2. La nave, propiedad de Moscuzza, se encontraba inactiva desde 2007 cuándo la empresa vendió el permiso de pesca. Ya había sido hundida en el 2014 y sido reflotada en el 2021.
Según informó el Consorcio Portuario Regional en enero de este año -cuándo todavía estaba a la cabeza Gabriel Felizia- de 51 buques inactivos en los muelles de "La Feliz" se habían retirado nueve: 5 mediante los astilleros privados SPI y TPA, 2 vía hundimientos en el Parque Submarino "Cristo Rey" y 2 en el varadero de la Base Naval.
La cifra, magra en término de proporciones, expone dos temas claves para la administración portuaria que involucran también al empresariado y a la Prefectura Naval. Uno es el de la operatividad, ya que debido al gran número de naves inactivas hay hasta 8 o 9 andanas, es decir, barcos amarrados en una misma línea. Además de provocar escenarios de maniobras riesgos, entorpece el paso de los buques en actividad.
Según expuso el sitio especializado Argentina y el Mar, "los trabajadores en tierra sufren consecuencias por el caos del plantel flotante, accidentes de estibadores o técnicos navales que deben saltar de una embarcación a otra para acceder a realizar tareas en cada uno de esos buques. El 6 de diciembre de 2019 un electricista naval murió al caer al mar mientras realizaba tareas de reparación en unos barcos pesqueros e intentó cruzar a otro que estaba al lado y se sumó a una larga lista de accidentes que muchas veces se ocultan".
Por otro lado, el pasivo ambiental, ya que el derrame de hidrocarburos, setina y metales pesados afecta de forma directa el agua. Si bien existen causas judiciales por derrames puntuales en zonas determinadas, la cadena de responsabilidad no suele llegar hasta las autoridades políticas responsables del control.