Pamela Anderson, ícono de los años 90 conocido por su rol en Baywatch, volvió a expresar su indignación por la miniserie Pam & Tommy (2022), producida y protagonizada en parte por Seth Rogen.
En una entrevista reciente, la actriz manifestó sentirse incómoda al coincidir con Rogen durante la ceremonia de los Globos de Oro 2026.
En el contexto de la nota, la rubia debilidad aclaró: "Seth Rogen hizo Pam & Tommy sin hablar conmigo. Me sentí como... ¡Uf! ¿Cómo se puede hacer una serie de televisión sobre los momentos más difíciles de tu vida? Soy un ser humano de carne y hueso". Asimismo, la actriz describió el encuentro como "un poco yucky" (repulsivo) y expresó la esperanza de que Rogen eventualmente la contacte para ofrecerle una disculpa pública, aunque aclaró: "No es que importe tanto. Cuando eres una persona pública, se supone que no tienes derecho a la privacidad. Pero tus secretos más oscuros o tragedias profundas no deberían ser blanco fácil de una serie de televisión".
La miniserie de Hulu (disponible en Disney+), que contó con las actuaciones de Lily James como Anderson y Sebastian Stan como Tommy Lee, dramatizó el turbulento matrimonio de la pareja y el robo y difusión no consentida de su vídeo sexual privado en 1995, un hecho que Anderson ha calificado repetidamente como el "peor momento" de su vida.
La producción, que recibió 10 nominaciones al Emmy, fue creada sin el consentimiento ni la participación de la actriz, quien se negó a verla y la ha comparado con "sal en la herida" de su trauma.
Anderson, quien en entrevistas previas (como una con Variety en 2023) ya había calificado a los responsables como "imbéciles" y exigido una disculpa pública, insistió en que la serie la obligó a revivir heridas profundas casi tres décadas después, afectando su percepción de logros posteriores como su participación en Chicago en Broadway.
El caso ha reabierto el debate sobre los límites éticos en Hollywood al retratar hechos reales basados en la vida de personas vivas, especialmente cuando no hay consentimiento de los involucrados. Mientras producciones como The Crown o La red social operan en una zona gris entre ficción y realidad, el auge del true crime y las biopics sin autorización pone en cuestión si la libertad creativa justifica convertir el dolor ajeno en contenido de entretenimiento.
