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Jueves, 12 marzo 2026
Argentina
11 de marzo de 2026
PREOCUPANTE

En el trabajo, la mayoría de los argentinos comen poco y mal, según un estudio

Una encuesta de la UCA reveló graves deficiencias en la alimentación en los lugares de trabajo. Tres de cada cinco se saltean comidas. La gran mayoría optan por alimentos poco nutritivos. Los trabajadores no calificados y los estatales son los que están en peor situación.

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Los argentinos comen poco y mal en sus lugares de trabajo, según la primera encuesta nacional referida al tema, realizada por el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA).

El trabajo permitió conocer datos sobre la realidad alimentaria de la gente mientras realiza su trabajo, y arrojó datos preocupantes sobre la cantidad y calidad de la comida que se consume (o no) durante la jornada laboral.

El 85% de los trabajadores sufre vulnerabilidad alimentaria, ya sea por no comer con la frecuencia necesaria o por la baja calidad de los alimentos que consumen en su jornada laboral, según determina el estudio.

En efecto, tres de cada cinco asalariados se saltean comidas, y casi cuatro de cada cinco elige alimentos menos nutritivos, en ambos casos porque no les alcanza la plata, según el trabajo realizado por Ianina Tuñón y Lucrecia Freije.



Los trabajadores no calificados y los empleados estatales son los que peor están en este sentido, ya que son los dos grupos que registran la combinación más alta entre la omisión (saltarse comidas) y la baja calidad (consumir alimentos poco nutritivos). Esta “doble privación”, como la llaman las autoras del estudio, afecta también especialmente al sector de menores ingresos y a los jóvenes.



El 22,6% de los asalariados directamente no come mientras está en el trabajo, y en el sector público la proporción duplica a la del privado, según la encuesta de la UCA.

Otro detalle a considerar: el 41,5% de la gente que sí come durante la jornada laboral almuerza en su escritorio, y sólo el 38,9% lo hace en un comedor dispuesto especialmente (que es frecuente que no lo haya; cuando lo hay, el 60% de los empleados optan por comer ahí).



En cuanto al tiempo dedicado para comer, sólo la mitad afirman que siempre hacen una pausa para hacerlo; uno de cada cuatro sólo lo hacen a veces, casi nunca o nunca.

Este factor, que puede parecer poco importante, parece tener un efecto sobre la salud: entre quienes no hacen pausas para comer, la proporción de obesos es el doble que entre quienes sí se toman su tiempo de almuerzo.

Otro dato relevante del estudio de Tuñón y Freije: más de la mitad de los trabajadores asalariados se pagan su propia comida para comer en el trabajo. Sólo un 44,4% reciben algún aporte de su empleador para esto.



En cuanto al costo de la comida, cuatro de cada cinco trabajadores gasta menos de $ 10.000 en su almuerzo diario, revela la encuesta del ODSA.



Más de un tercio de los trabajadores reconocen que su dieta es poco saludable, y cuatro de cada cinco desearían que su empleador aporte a su alimentación diaria.

Según el estudio de la UCA, las mujeres son las que muestran mayor predisposición a mejorar sus hábitos alimentarios.

“La vulnerabilidad golpea más a mujeres, jóvenes, sector público, regiones del norte y trabajadores no calificados”, subrayan las autoras del trabajo en las conclusiones. “Los beneficios son regresivos: quienes más ganan, más aportes reciben.”

Además, señalan que “tener comedor, heladera o aporte del empleador reduce el salteo de comidas y mejora la salud”.

Aquí, el informe completo del ODSA/UCA en base a la primera encuesta nacional sobre alimentación en el trabajo:


 

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