29 de marzo de 2026
TRIBUTO CUESTIONADO
La tasa vial, entre la caja automática de Montenegro y una oposición que no logra imponer el debate
Con los combustibles por encima de los $2000 en Mar del Plata, la oposición volvió a exigir la eliminación del tributo creado por la gestión de Guillermo Montenegro. Apuntan contra un esquema que aumenta por inercia, pero el proyecto sigue sin avanzar y expone la falta de reflejos del bloque para instalar el tema en agenda.

En medio de una nueva escalada en el precio de los combustibles, que en Mar del Plata ya acumulan aumentos cercanos al 20% en el último mes y llevaron el litro por encima de los $2000, la oposición volvió a la carga con el pedido para eliminar la tasa vial. Sin embargo, el reclamo llega con demora y en un contexto que expone tanto el impacto del tributo como la falta de resultados concretos de quienes ahora buscan capitalizar el malestar.
El planteo apunta de lleno contra la tasa creada en 2024 por Guillermo Montenegro, hoy Intendente en licencia y actualmente en funciones como Senador Provincial. El esquema, atado directamente al precio del combustible, convirtió cada aumento en una doble presión para los vecinos. Por un lado, el golpe en el surtidor. Por otro lado, una recaudación municipal que crece de manera automática, sin discusión política ni revisión del mecanismo.
Pero la ofensiva opositora también deja zonas grises. El proyecto para derogar la tasa fue presentado en enero y desde entonces no logró avanzar en el Concejo Deliberante. La falta de tratamiento no solo expone la dinámica interna del cuerpo, sino también la limitada capacidad del bloque para instalar con fuerza una agenda que ahora intenta reposicionarse al calor de los aumentos.
En ese marco, el tributo se consolida como una herramienta que el oficialismo diseñó para garantizar ingresos en un contexto inflacionario, pero que hoy queda bajo la lupa por su carácter agresivo. Mientras el Ejecutivo defiende que el impacto efectivo ronda el 1,86%, lo cierto es que el recargo del 3% sigue atado a una variable volátil y en constante alza, lo que alimenta la percepción de un esquema que se ajusta solo y siempre a favor de la caja municipal.
Para dar un ejemplo, cada litro que se cargue al tanque de nafta, $60 pesos van al bolsillo del municipio. Es decir, que en un automóvil promedio con una capacidad de 45 litros de combustible, si se carga “lleno” equivale a $90.000 pesos, pero $2.700 le pertenecen al municipio.
La promesa original de financiar el mantenimiento de calles choca con una realidad donde los reclamos por el estado de la infraestructura se mantienen vigentes. La falta de mejoras visibles erosiona el principal argumento de la tasa y refuerza las críticas sobre un uso discrecional de los recursos.
Así, la discusión por la tasa vial termina exponiendo más que una disputa puntual. Revela una gestión que apostó por un mecanismo de recaudación atado a la suba de precios y una oposición que, sin lograr torcer su tratamiento durante meses, intenta ahora subirse a un reclamo social en crecimiento. Entre ambos, el costo político y económico vuelve a recaer sobre los vecinos.