7 de abril de 2026
INCERTIDUMBRE
El "buffer" de YPF y la encrucijada del combustible naval: la pesca, sin señales de quedar alcanzada por el alivio oficial
Mientras el Gobierno nacional y las petroleras acordaron un esquema de estabilidad de precios para contener la inflación y amortiguar la caída de la demanda tras las alzas vinculadas al conflicto en Medio Oriente, las particularidades técnicas y regulatorias del gasoil marítimo limitan el alcance de ese esquema sobre las flotas productivas. En Mar del Plata, la parálisis casi total de la flota costera en el Muelle 10 expone la fragilidad de un sector que, por ahora, debe absorber costos internacionales sin acceso claro a los mecanismos de compensación locales.

La inestabilidad geopolítica en el tablero de Medio Oriente ha tenido un correlato relevante en las costas argentinas. El incremento sostenido del barril de crudo, que desde principios de marzo se tradujo en un alza acumulada cercana al 20 por ciento en los surtidores locales, empujó a la conducción de YPF, encabezada por Horacio Marín, a instrumentar un esquema de contención de precios por 45 días. Sin embargo, lo que se presentó como un alivio para el transporte terrestre y el consumo minorista no muestra, hasta el momento, señales concretas de extensión hacia la industria pesquera.
Parte del sostén de ese esquema —la mayor utilización de biocombustibles en los cortes obligatorios— no resulta plenamente trasladable al gasoil de uso naval, que opera bajo especificaciones técnicas más restrictivas en materia de mezcla, almacenamiento y certificación de motores. Esto introduce una asimetría que, en la práctica, deja al combustible marítimo más expuesto a la dinámica del mercado.
Esta brecha operativa se traduce en una crisis de actividad que hoy es visible en el puerto de Mar del Plata. El Muelle 10, histórico centro de movimientos de la flota costera, ofrece una imagen de quietud inusual: de los 47 buques que componen este estrato, cerca de 40 permanecen amarrados ante la dificultad de proyectar rentabilidad con los valores actuales. Las distribuidoras locales, como Zona Común, señalan que no han recibido directivas por parte de la petrolera estatal que permitan anticipar una eventual inclusión del sector en el esquema de estabilidad, lo que obliga a los armadores a operar con precios que, en condiciones comerciales más flexibles, ya superan los 2.000 pesos por litro más impuestos.
La estructura de costos se ha vuelto un entramado complejo para el sector fresquero. A pesar de contar con exenciones en los impuestos a los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono, la gestión de estos beneficios ante ARCA (ex AFIP) suma una carga burocrática que no siempre acompaña los tiempos de la operatoria. A esto se añade que la industria pesquera representa un volumen marginal dentro del mercado de YPF si se lo compara con el sector agropecuario, que para la próxima campaña proyecta un consumo superior a los 2.300 millones de litros. Esta diferencia de escala incide en la capacidad de incidencia del sector pesquero dentro de la política energética.
El descontento se traslada también al plano administrativo. El reciente incremento de la Unidad de Pesca (UP), fijado por la Subsecretaría de Pesca en relación con la evolución del gasoil, ha sido recibido como un factor adicional de presión por las cámaras armatoriales. El pedido de suspender esta actualización fue desestimado por la autoridad de aplicación, que ratificó los nuevos valores en un contexto de alta incertidumbre sobre los costos operativos.
Ante la falta de definiciones concretas, la expectativa se traslada ahora al Consejo Federal Pesquero, de quien se espera una convocatoria institucional que permita articular una respuesta más integral. Sin una instancia técnica multisectorial, el riesgo de que la inactividad se extienda más allá del Muelle 10 comienza a proyectarse sobre el conjunto de la actividad portuaria.