La Tecla Mar del Plata
Todos los derechos reservados
El contexto político del Partido de General Pueyrredon es desalentador. Cuando parecía que todo podía llegar a mejorar, por la conciliación obligatoria que asegura la ciudad en funcionamiento hasta el 5 de febrero, Mourelle dio la nota una vez más.
“¿Hasta donde va a llegar?” se preguntan los empleados del Concejo Deliberante y la Defensoría del Pueblo afectados por la falta de salario, pero nadie tiene la respuesta. La necesidad constante de crear conflictos que tiene el Ejecutivo de Arroyo, prepara al menos al arco político local para una próxima guerra fría.
Lo llamativo es la falta de unidad que hay en los discursivo dentro del Gabinete, y eso es una queja generalizada de los empleados, el sindicato, y hasta el Ministerio de Trabajo. Sin ir más lejos, esta mañana el delegado del Ministerio en Mar del Plata, no fue recibido por el mismísimo Arroyo.
Si bien el conflicto, según trascendió en la última hora estaría resuelto y los sueldos depositados, la falta de capacidad de negociación es tan grande que hasta el Obispo local Gabirel Mestre debió intervenir, en una suerte de “mediador” de partes.
Este mediodía, Alejandro Vicente, Secretario de Gobierno, Antonio Gilardi titular del Sindicato de Trabajadores Municipales (STM), el representante de la CGT local Miguel Guglielmotti, fueron convocados por Mestre a una mesa de diálogo.
Muchos lamentaron la ausencia de Hernán Mourelle, “le podría haber venido bien una bendición” comentaban entre risas algunos. Lo cierto que este encuentro convocado por Mestre no fue el primero, el domingo previo a que se dicte la conciliación obligatoria, hubo otro. La precariedad política lleva a la Iglesia a mediar en un conflicto, político y de poder.