La ciudad ya no crece solo hacia arriba: empieza a estirarse hacia afuera. En Mar del Plata, el negocio inmobiliario entró en una nueva fase, empujado por la escasez de tierra en las zonas consolidadas y por un esquema normativo que habilita —vía excepciones y cambios de uso— la expansión sobre áreas que hasta hace poco quedaban fuera del radar urbano.
El micro y macrocentro dejaron de ser terreno fértil para los grandes proyectos. Con pocos lotes disponibles y una densidad que roza el límite, la lógica del reemplazo se volvió regla: demoliciones, reciclajes forzados y torres que ocupan el lugar de antiguas viviendas. Ese proceso, lejos de frenarse, aceleró un corrimiento de inversiones hacia los márgenes del ejido.
Con el respaldo del Ejecutivo municipal, la Secretaría de Obras y mayorías circunstanciales en el Concejo Deliberante, los desarrolladores comenzaron a explorar nuevas fronteras. Las urbanizaciones cerradas y los proyectos de gran escala sobre Ruta 11 y el corredor de Jorge Newbery concentran buena parte de las apuestas, en un modelo que privilegia la baja densidad, el acceso controlado y el consumo de suelo.
El sur del distrito, rumbo a Chapadmalal, sigue siendo el epicentro de esa avanzada, pero el norte ya dejó de ser una promesa para convertirse en un polo en expansión. Allí proliferan barrios privados y condominios premium, muchas veces acompañados por habilitaciones a medida y normativas flexibles que reconfiguran el mapa urbano sin un debate profundo sobre servicios, movilidad o impacto ambiental.
El frente costero también forma parte de la ecuación. Punta Mogotes aparece como una pieza clave en la discusión sobre el futuro de la ciudad. La intención de avanzar con su municipalización no se limita a una cuestión administrativa: en el trasfondo asoma la posibilidad de redefinir indicadores urbanísticos y habilitar nuevos desarrollos con vista al mar, un viejo anhelo del sector inmobiliario.
Mientras la ciudad se proyecta más allá de sus límites históricos, la discusión sobre el modelo urbano vuelve a quedar relegada. La expansión avanza al ritmo del mercado y la política acompaña, en una carrera silenciosa por definir cuál será la próxima frontera del crecimiento marplatense.