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12 de marzo de 2026
INTERNA CALIENTE

El peronismo marplatense va a las urnas entre el olor a nafta y el fantasma de la traición

A escasas setenta y dos horas del domingo 15 de marzo, la interna del PJ de General Pueyrredon se ha transformado en un tablero de desconfianzas cruzadas y billeteras abiertas. Entre el "vecinalismo" táctico de Gustavo Pulti y la movilización rentada, las dos listas llegan a la recta final con más dudas que certezas, mientras los recursos provinciales bajan al territorio para saldar deudas ajenas en una elección donde nadie quiere que le cuenten las costillas.

El peronismo marplatense va a las urnas entre el olor a nafta y el fantasma de la traición
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La Escuela de Educación Secundaria Técnica N°3, ubicada en la calle 14 de Julio, será este domingo el escenario de una batalla que dice poco sobre el futuro de la ciudad y mucho sobre las miserias del poder doméstico. De 8 a 18 horas, el peronismo marplatense intentará dirimir una conducción que llega astillada por la sospecha. En el búnker de la Lista 6, denominada “Peronismo Derecho al Futuro”, el clima es de una tensa calma que bordea la paranoia. Allí, la figura de Gustavo Pulti se ha vuelto un enigma indescifrable para sus propios aliados. El ex intendente, pieza del armado que encabeza Adriana Donzelli y que cuenta con el sello del gobernador Axel Kicillof, se comporta como un invitado que ya tiene un pie fuera de la fiesta.

Mientras sus socios intentan amalgamar al peronismo tradicional, Pulti se dedica a blindar su propio kiosco: las redes sociales lo muestran hiperactivo promocionando "Acción Marplatense", su partido vecinalista, ignorando casi por completo la simbología de la lista que integra. "Es un palo enjabonado", repiten por lo bajo los espacios que integran el frente. La lectura política es ácida pero lógica: a Pulti no le conviene un peronismo fuerte y unificado en Mar del Plata. De cara a 2027, un PJ con peso propio le cerraría el camino a su ambición de ser —o poner— el próximo intendente. Su juego, sugieren los que lo conocen, es el del abrazo del oso: estar para que no le ganen, pero rezando para no fortalecer a quienes mañana serán sus rivales.

Del otro lado, la Lista 4, “Patria Sí, Colonia No”, se aferra al manual clásico de la resistencia camporista. Bajo el mando de Fernanda Raverta y con Daniel Di Bártolo como mascarón de proa, el sector que responde a Máximo Kirchner apuesta a la mística de los "2.000 votos propios". Sin embargo, detrás de la retórica militante, la realidad se mide en litros de combustible y logística de transporte. La guerra de los autos ha dejado en evidencia que la ideología tiene un precio de mercado: mientras el ravertismo estaría ofreciendo 70.000 pesos por vehículo para movilizar votantes el domingo, la Lista 6 habría decidido reventar el mercado local ofreciendo 100.000 pesos por auto. 

Este excedente presupuestario a favor de la Lista 6 no es casualidad ni fruto de una colecta solidaria; es el resultado de la intervención de Mariano Cascallares. Como adelantó este medio, el diputado provincial, envuelto en su propia guerra territorial en Almirante Brown contra La Cámpora, ha encontrado en Mar del Plata el lugar ideal para golpear por elevación. Cascallares no financia la lista de Donzelli por amor a la ciudad, sino para herir de muerte a la organización de Máximo Kirchner en uno de sus bastiones simbólicos. El peronismo local, una vez más, es el campo de tiro de una interna que se cocina en el Conurbano.

La jornada del domingo promete ser “una carnicería de actas y fiscales”. Al no existir un centro de cómputos centralizado y realizarse el conteo aula por aula, cada voto será defendido como si fuera el último en la Técnica 3. La opacidad es la regla: si bien la Lista 4 alardea de sus números, en la Lista 6 nadie se atreve a mostrar las cartas. Ni Manino Iriart, ni la CGT, ni las CTA, ni mucho menos Pulti, quieren revelar cuánta gente pueden llevar.

El temor a "quedar mal parado" si la movilización no está a la altura de las expectativas ha generado un pacto de silencio donde todos dicen tener mucho, pero nadie muestra nada. Entre la desconfianza mutua de los socios de la Lista 6 y la desesperación de la Lista 4 por no perder el control del sello partidario, el peronismo marplatense llega a las urnas con el motor encendido, pero sin saber muy bien hacia dónde va, o si el que maneja no planea saltar del auto antes de llegar a la esquina.

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