Pobreza en baja, indigencia en alza: el ajuste deja cicatrices en Mar del Plata
Los últimos datos del INDEC muestran una baja en la pobreza tanto a nivel local como nacional, aunque con un incremento de la indigencia en Mar del Plata y señales de deterioro en los ingresos.

La economía sigue siendo el eje central de la política y la sociedad. En un contexto de crisis y de ajuste por parte del Gobierno encabezado por Javier Milei, pero con una inflación que aumenta entre 3% y 2% mensualmente y con salarios y jubilaciones deteriorados, los indicadores sociales cobran aún más relevancia. Este martes, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó los nuevos datos de pobreza e indigencia, un termómetro clave para evaluar el impacto del 2025 en la población.
El último registro del INDEC, correspondiente al segundo semestre de 2025, situó la pobreza en el 22,8%, lo que equivale a 153.185 personas en Mar del Plata. La indigencia, en tanto, alcanzó el 5,2% y afecta a 34.655 marplatenses. Las cifras muestran un aumento y una disminución respecto del segundo semestre de 2024, ya que en ese semestre había 28,9% de la población marplatense en la pobreza (192.706 personas), una reducción de 6,1 puntos y un 3,3% de personas en la indigencia (21.896), un aumento de 1,9 puntos.
A nivel nacional, el índice de pobreza llegó al 28,2%, lo que equivale a 8.474.136 personas en el país. La indigencia, por otro lado, alcanzó el 6,3% y afecta a 1.884.110 de argentinos. Las cifras reflejan una reducción respecto del segundo semestre del 2024, ya que en ese semestre había un índice de 38,1% (11.337.979 personas), una reducción de 9,9% de pobreza y 8,2% (2.451.657 personas), un reducción de 1,9% de indigencia.
Detrás de la aparente mejora estadística, la realidad se vuelve más áspera. Menos pobres en los papeles, pero más personas que ya no logran cubrir ni lo básico. En una ciudad históricamente golpeada por la desigualdad, el descenso de la pobreza no alcanza para tapar el avance de la indigencia ni el deterioro cotidiano de los ingresos. El ajuste ordena las cuentas, pero desordena la vida. Y en esa tensión, los números empiezan a perder capacidad de maquillar la crisis.