La Tecla Mar del Plata
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El corazón del centro de Mar del Plata, delimitado por San Martín, 25 de Mayo, Dorrego y 20 de Septiembre, comenzaría a mostrar una transformación inesperada: la tradicional Plaza Rocha, una de las siete plazas fundacionales de la ciudad, se perfila como el próximo destino de los feriantes que perdieron su espacio en “La Saladita”, la histórica feria de la Bristol. Con veredas agrietadas, césped irregular y mobiliario urbano deteriorado, el lugar, antes emblema histórico, parece ceder terreno a la informalidad.
Actualmente, cientos de vendedores ambulantes ocupan la plaza, ofreciendo desde ropa usada hasta artículos nuevos que compiten directamente con los comercios establecidos. Vecinos históricos del sector denuncian que el desorden y la congestión afectan la estética y seguridad del espacio.

Sin embargo, comenzó a correr el rumor de que la feria seguirá expandiéndose hacia la manzana que limita con 20 de Septiembre y 14 de Julio, impulsada por la llegada de feriantes desplazados tras el desalojo y desmantelamiento de “La Saladita”. Se espera que esta dinámica aumente de manera significativa la presencia de vendedores en el centro, tensionando aún más la convivencia con los vecinos.
El abandono físico convive con un escenario de inseguridad que los residentes describen como cotidiano. La presencia de personas que pernoctan, consumen sustancias o protagonizan episodios delictivos genera temor, especialmente durante los atardeceres y fines de semana. La combinación de desorden y deterioro desalienta la circulación familiar y la permanencia de turistas, debilitando el valor histórico y social de la plaza.
La expansión de la feria, lejos de ser un hecho aislado, refleja un fenómeno más amplio: la falta de espacios habilitados y regulados para el comercio ambulante en Mar del Plata. La Plaza Rocha se perfila como el nuevo punto de encuentro para los vendedores que, desplazados de su antiguo centro de operaciones, buscan sostener sus ingresos y mantener viva la economía informal que por décadas operó en “La Saladita”.
Para los vecinos, la Plaza Rocha hoy no es solo un espacio público deteriorado: es el epicentro de un conflicto urbano que combina historia, informalidad y desafíos de gobernanza. Con la llegada masiva de feriantes, el debate sobre la recuperación y planificación de espacios públicos se vuelve más urgente que nunca, mientras la ciudad observa cómo un emblema histórico se transforma en un nuevo escenario de la economía popular.