La Tecla Mar del Plata
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Ricardo Cohen, conocido popularmente como Rocambole, comenzó a trabajar con Los Redondos a fines de los años 70, en plena efervescencia contracultural platense. Desde entonces, se convirtió en el responsable de las tapas de discos, afiches, escenografías y de toda la estética visual que acompañó a la banda durante décadas.
La relación artística entre el Indio y Rocambole fue mucho más que un vínculo laboral. Ambos compartían una mirada política, cultural y estética atravesada por la rebeldía, la contracultura y el rechazo a los modelos tradicionales de la industria musical. Mientras el Indio construía letras cargadas de simbolismo, crítica social y personajes oscuros, Rocambole traducía ese universo en imágenes surrealistas, inquietantes y profundamente reconocibles.
De esa conexión nacieron tapas históricas como Oktubre, Un baión para el ojo idiota, Luzbelito y La mosca y la sopa, convertidas con el tiempo en verdaderos íconos culturales. Las ilustraciones de Rocambole mezclaban multitudes, figuras deformes, puños en alto, ciudades incendiadas y referencias políticas que terminaron formando parte inseparable de la identidad ricotera.
El propio Rocambole definía a Los Redondos como una “obra total”, donde música, poesía e imagen convivían como un mismo lenguaje artístico. El Indio aportaba conceptos, frases o ideas generales y el ilustrador las transformaba en escenas cargadas de misterio y simbolismo.
Esa estética artesanal también era una declaración de principios. Mientras gran parte de la industria musical avanzaba hacia diseños comerciales y estrategias de marketing tradicionales, Rocambole trabajaba con ilustraciones hechas a mano, alejadas de las tendencias del mercado. Sus dibujos, realizados con tinta, lápiz y técnicas analógicas, reforzaban el espíritu independiente de la banda.
Las imágenes creadas por Rocambole trascendieron las tapas de discos. Se transformaron en banderas, remeras, murales y tatuajes que acompañaron durante décadas a miles de seguidores. El imaginario ricotero terminó siendo tan visual como musical.
Incluso después de la separación de Los Redondos en 2001, el vínculo artístico entre el Indio y Rocambole continuó presente. Ambos mantuvieron intacta la esencia underground que los había unido desde los años de bohemia en La Plata y siguieron construyendo un universo cultural que excedió ampliamente al rock.
Con la muerte del Indio Solari, también vuelve a ponerse en valor el trabajo de Rocambole, inseparable de la historia de Los Redondos. Porque buena parte de la mística ricotera no solo se escuchaba: también se veía.
Las canciones del Indio y las imágenes de Rocambole terminaron formando una identidad colectiva que todavía hoy sigue viva en recitales, plazas, marchas y banderas. Una sociedad artística irrepetible que convirtió a Los Redondos en mucho más que una banda de rock.