La Tecla Mar del Plata
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La política tiene una regla que rara vez falla: el archivo siempre vuelve. Y esta vez el que quedó bajo los reflectores es Daniel Scioli. Las durísimas declaraciones de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva no solo generaron repercusiones diplomáticas, sino que también volvieron a poner sobre la mesa una incómoda pregunta para el secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación: ¿realmente pensaba todo lo que decía sobre Lula o aquellas palabras respondían al momento político que atravesaba?
El presidente Javier Milei participó este sábado de la Convención Nacional del Partido Liberal (PL) de Brasil, donde brindó un encendido respaldo a la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro para las elecciones del próximo 4 de octubre.
Durante su discurso lanzó una batería de cuestionamientos contra el mandatario brasileño. Sin mencionarlo directamente, lo calificó como "ladrón", "presidiario" y "totalitario", en un mensaje que rápidamente cruzó las fronteras y volvió a tensar la relación entre ambos gobiernos.
Pero si las palabras de Milei generaron ruido fuera del país, dentro del propio Gobierno también comenzaron a despertar incomodidad. Principalmente porque uno de sus funcionarios más conocidos construyó durante años una relación política y personal con el líder del Partido de los Trabajadores.
El exmotonauta es, probablemente, uno de los dirigentes argentinos que más veces cambió de camiseta política sin perder vigencia. Llegó a la política de la mano de Carlos Menem; luego se convirtió en una de las principales figuras del kirchnerismo, fue vicepresidente de Néstor Kirchner, gobernó dos mandatos la provincia de Buenos Aires durante las gestiones kirchneristas y fue el candidato presidencial del Frente para la Victoria en 2015. Tras la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada volvió a reinventarse y se calzó la "remera violeta" para integrar el gabinete libertario.
En 2021, Scioli mantuvo un encuentro con Lula luego de que la Justicia brasileña restituyera los derechos políticos del exmandatario. En aquella oportunidad no ocultó el vínculo que los une y aseguró: "Hay una amistad de muchos años, un afecto, reconocimiento y agradecimiento con Lula, que me apoyó en la campaña", en referencia a la elección presidencial de 2015.
Incluso, durante ese mismo encuentro dejó una definición sobre la relación bilateral que hoy contrasta con el clima político que impulsa el Gobierno nacional: "Mi postura no es que hay que comprarle menos a Brasil, sino venderle más".
Los elogios venían de mucho antes. Durante su etapa como gobernador bonaerense llegó a definir a Lula como "un gran estadista, un gran presidente. Un hombre que transformó su vida en buscar el bien", además de mostrarse en reiteradas oportunidades junto al líder brasileño.
Con semejante historial, las declaraciones de Milei dejaron a Scioli en una posición incómoda. La pregunta empieza a circular en los pasillos del oficialismo y también entre sus socios políticos: ¿sigue pensando lo mismo sobre Lula? ¿O aquellas definiciones quedaron archivadas junto con la camiseta política que vestía en ese momento?
La situación tampoco pasa inadvertida en Mar del Plata, donde algunos operadores ya trabajan para instalar al secretario de Turismo como posible candidato a intendente en 2027. Sin embargo, el escenario no parece sencillo.
Los antecedentes electorales tampoco lo favorecen. En el balotaje presidencial de 2015, Mauricio Macri obtuvo en General Pueyrredon 229.751 votos contra los 176.061 que consiguió Scioli. La diferencia fue de 53.690 sufragios en un distrito que, desde entonces, se consolidó como uno de los principales bastiones del entonces Cambiemos y luego Juntos por el Cambio.
A eso se suma el caso de UT Chapadmalal. La entrega del complejo a la AABE parece haber dejado en el olvido aquella defensa del turismo social que Scioli sostenía durante sus años en el kirchnerismo.
Mientras tanto, puertas adentro del oficialismo crece el malestar por el efecto colateral que dejó el discurso presidencial. Las palabras de Milei no solo reavivaron la tensión con Brasil: también obligaron a varios dirigentes propios a enfrentarse con su propio archivo.
Y entre todos ellos, el caso de Scioli aparece como el más difícil de explicar. Porque cuando las convicciones parecen cambiar al ritmo de los gobiernos, la pregunta deja de ser qué piensa hoy y pasa a ser otra mucho más incómoda: ¿alguna vez dejó de pensar aquello que decía de Lula o simplemente volvió a acomodarse al viento político de turno?