La Tecla Mar del Plata
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Mar del Plata empieza a quedar atrapada entre dos preocupaciones que, hasta hace poco, parecían transitar por carriles separados: la inseguridad y el turismo. Pero cuando faltan apenas tres meses para una nueva temporada de verano, ambas cuestiones comienzan a encontrarse en un punto sensible: la imagen de la ciudad. En el medio también aparece la política, que de cara a 2027 promete convertir la seguridad en uno de sus grandes caballitos de batalla, con dirigentes de todos los colores que se muestran preocupados, reparten culpas y ensayan declaraciones, aunque no siempre esas preocupaciones se traduzcan en respuestas. Una postal ideal para que, una vez más, el problema se use también de manera demagógica.
La ecuación es sencilla, aunque sus consecuencias pueden ser complejas. Mar del Plata necesita turistas, pero también necesita que quienes elijan la ciudad para descansar no la asocien con una sucesión de robos, entraderas y episodios violentos.
El próximo termómetro será el fin de semana largo del 12 de octubre, una fecha que históricamente funciona como anticipo de lo que puede ocurrir durante el verano. Y llega en un contexto en el que la temporada baja no terminó de acompañar el movimiento turístico y los números vienen mostrando una tendencia preocupante.
En ese escenario, cada visitante que llegue a Mar del Plata no solo contará como una estadística turística. También será parte de una medición más incómoda: qué ciudad encuentran quienes vienen de afuera y qué imagen se llevan cuando regresan.
Porque la inseguridad ya no parece ser solamente un problema de los vecinos que padecen un delito. También empieza a convertirse en un problema comercial, empresarial y turístico.
Una estadística que enciende las alarmas
Los últimos datos oficiales del Centro Municipal de Análisis Estratégico del Delito (CeMAED) aportan números concretos a una preocupación que crece en distintos sectores. Durante el segundo trimestre de 2026 se registraron 239 robos y hurtos en comercios de General Pueyrredon, un 31% más que los 182 contabilizados durante los primeros tres meses del año.
Pero el dato que agrega gravedad no está solamente en la cantidad. También creció la violencia utilizada en esos episodios. Los robos y hurtos con armas de fuego pasaron de 32 casos durante el primer trimestre a 43 entre abril y junio.
La estadística aparece después de una sucesión de hechos violentos que volvió a instalar el miedo en distintos barrios y que encontró un nuevo amplificador en las redes sociales. Videos de entraderas, imágenes de robos y escenas captadas por cámaras de seguridad circulan rápidamente y construyen una percepción de inseguridad que ya no queda encerrada dentro de los límites del Partido de General Pueyrredon.
A eso se suma la aparición de nuevas modalidades delictivas, como los llamados “bicichorros”, grupos que se movilizan en bicicletas y que protagonizan robos contra transeúntes. El problema, entonces, tiene una segunda pantalla: la que mira el resto del país.
Cuando la mala prensa también viaja
La crisis de seguridad comenzó a quebrar las fronteras locales y a instalarse en la agenda de medios nacionales. Cada episodio que escala a esa vidriera tiene un efecto adicional: Mar del Plata deja de ser solamente la ciudad donde ocurrió un delito y empieza a ser presentada como una ciudad donde la inseguridad es noticia. En una ciudad cuya economía depende en buena medida del turismo, la reputación también juega.
El turista que evalúa viajar no solo mira el precio del alojamiento, el estado del clima o la oferta gastronómica. También puede preguntarse qué tan seguro será caminar por determinadas zonas, dejar el auto estacionado o moverse por la ciudad durante la noche.
No significa que un hecho delictivo determine por sí solo una decisión turística. Pero la acumulación de episodios, su circulación en redes y la amplificación de los medios nacionales pueden contribuir a erosionar una marca turística que Mar del Plata necesita cuidar.
Y allí aparece una paradoja: mientras la ciudad necesita volver a seducir a los turistas, también debe evitar que la inseguridad se convierta en uno de los principales atributos con los que es reconocida fuera de sus límites.
El juego del “Gran Bonete”
Y mientras tanto, la política empieza a ensayar su propio libreto. Con las elecciones de 2027 en el horizonte y la renovación de los Ejecutivos nacional, provincial y municipal como telón de fondo, Mar del Plata se convertirá cada vez más en una vidriera política.
Por la ciudad pasarán dirigentes de todos los colores. Habrá recorridas, fotos, anuncios y discursos. Y la seguridad, inevitablemente, será uno de los grandes caballitos de batalla de la campaña.
El problema es que, por ahora, la discusión corre el riesgo de quedar atrapada en el juego del “Gran Bonete”: todos se muestran preocupados, todos señalan responsabilidades y todos tienen algo para decir, pero la pelota termina siempre en la cancha del otro.
La Nación apunta a la Provincia. La Provincia reclama por la falta de fondos y por la crisis. El Municipio muestra estadísticas, reclama recursos y cuestiona decisiones ajenas. Y en el medio queda el vecino, que no necesita otro discurso sino respuestas.
La inseguridad, en definitiva, puede convertirse en uno de los grandes ejes electorales de 2027. Pero hay una diferencia entre hacer campaña con el problema y hacerse cargo del problema.
Y mientras la política se prepara para disputar el relato, Mar del Plata se prepara para disputar algo bastante más concreto: que el turista siga eligiéndola. Porque en una ciudad que vive mirando al verano, la inseguridad no solo amenaza la tranquilidad de los vecinos. También puede terminar metiéndose en la valija de quienes deciden si vuelven.