La Tecla Mar del Plata
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El sistema de salud de Mar del Plata quedó expuesto a una situación de máxima tensión. El Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. Oscar Alende” no dispone actualmente de camas de internación, mientras 45 pacientes permanecen en la Guardia a la espera de una resolución y otros 17, provenientes de la Región Sanitaria VIII, aguardan una admisión para acceder a prestaciones de mayor complejidad.
El diagnóstico fue planteado por el Ministerio de Salud bonaerense, que puso el foco en la falta de articulación entre el sistema público, las obras sociales y el sector privado. En particular, la Provincia apuntó a la situación de los afiliados de PAMI y aseguró que tres clínicas que históricamente recibían pacientes de esa obra social dejaron de hacerlo. “Las personas están siendo rechazadas, incluso sin una evaluación médica de guardia que permita determinar la necesidad de internación y sin un proceso formal de derivación”, sostuvo la cartera sanitaria.
El impacto ya se siente en toda la red. Entre enero y julio, las admisiones de la UPA 13 pasaron de 17.934 en 2024 a 34.190 en 2026, un incremento del 90,6%. En julio, además, se registraron 5.620 atenciones, el valor mensual más alto de la serie analizada.
“Frente a este escenario de extrema tensión asistencial, el Hospital Interzonal se ve obligado a priorizar la atención de emergencias y urgencias con riesgo de vida, sin posibilidad de absorber el resto de la demanda ambulatoria y no urgente que está siendo desplazada de hecho desde el subsector privado”, advirtió la Provincia.
El dato político aparece en el fondo de la discusión: mientras el Gobierno bonaerense reclama una intervención para normalizar las prestaciones de PAMI, también responsabiliza al Gobierno nacional por el deterioro de la cobertura. “Lo que hoy ocurre en Mar del Plata es una muestra concreta de las consecuencias del ajuste nacional en salud: cuando PAMI no garantiza la atención y las clínicas rechazan pacientes, la presión recae sobre el hospital público. Y esa presión tiene un límite”, señalaron desde el gobierno bonaerense.
Así, el HIGA quedó convertido en el punto de descarga de una red que muestra fisuras entre sus distintos actores. Y cuando las camas se terminan, la discusión deja de ser administrativa: la capacidad de respuesta del sistema sanitario de Mar del Plata queda directamente en juego.