La Tecla Mar del Plata
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La política tiene sus propios objetivos y, muchas veces, poco tienen que ver con las necesidades de los vecinos. Cobrar a fin de mes, conservar los cargos y asegurarse la continuidad parecen haberse convertido en prioridades para una dirigencia que, entre disputas internas y reacomodamientos, pierde de vista los problemas de la calle.
Mientras el desempleo, las deudas, los tarifazos, la inseguridad y la incertidumbre económica golpean a las familias marplatenses y batanenses, buena parte del arco político, tanto del oficialismo como de la oposición, parece transitar otra realidad. Con la heladera llena, las preocupaciones cotidianas de los vecinos quedan lejos de una agenda que suele mirar más hacia adentro que hacia afuera.
A esa distancia se suma otro problema: la falta de idoneidad para ocupar cargos ejecutivos y legislativos. La responsabilidad de administrar recursos públicos, diseñar políticas y representar a la ciudadanía exige preparación, compromiso y capacidad de gestión. Sin embargo, cuando la prioridad pasa por sostener posiciones antes que ofrecer soluciones, las consecuencias terminan repercutiendo en la vida cotidiana.
En el Municipio, mientras tanto, la estructura continúa funcionando, en buena medida, gracias al trabajo de los empleados municipales que sostienen las tareas diarias y garantizan la prestación de servicios. Una maquinaria que sigue en marcha más allá de las disputas políticas y de las limitaciones de quienes tienen la responsabilidad de conducirla.
Cada cuatro años, la política vuelve a acomodar sus piezas. Se renuevan las candidaturas, se negocian lugares, se reordenan alianzas y quienes quedan afuera de una lista buscan otra ventanilla donde continuar. Pero, mientras la dirigencia resuelve su propia supervivencia, las demandas de los vecinos siguen esperando respuestas concretas.
El problema no es que la política busque sostenerse electoralmente: competir y aspirar a cargos forma parte de la democracia. La cuestión es qué queda en segundo plano cuando la continuidad personal se impone sobre la responsabilidad pública. Porque, si la política cumple con sus propios objetivos, pero no logra dar respuestas a quienes representa, la pregunta es inevitable: ¿a quién le está cumpliendo realmente?