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Domingo, 1 noviembre 2026
Argentina
1 de noviembre de 2026
PARADOJA PRODUCTIVA

Anatomía del Producto Bruto marplatense: la usina de riqueza que la política local prefiere no mirar

General Pueyrredon aporta casi el 3,8% del Producto Bruto provincial con una economía diversificada que funciona los 12 meses. Sin embargo, la brecha entre la riqueza que genera el privado y los parches de la rosca municipal no para de agrandarse.

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Hay una postal trillada que sobrevive en los despachos ajenos y en los folletos de agencia de turismo: Mar del Plata como una gran confitería frente al mar que abre en diciembre y baja las persianas en marzo. Una ciudad de veraneantes eternos, sombrillas multicolores y changuitos de playa. Pero esa postal, además de perezosa, es falsa. Los números duros de la economía provincial —esos que rara vez entran en la discusión legislativa de la rosca cotidiana— revelan otra cosa: General Pueyrredon es el segundo motor productivo de la provincia de Buenos Aires, responsable de aportar cerca del 3,8% del Producto Bruto Geográfico (PBG) bonaerense. Solo La Matanza nos saca distancia en volumen bruto.

Sin embargo, en esa misma estadística reside nuestra herida más honda. ¿Cómo se explica que la segunda usina económica de la provincia conviva, de manera crónicamente impiadosa, en el podio de la desocupación y la precarización laboral del país?

La respuesta no está en la falta de recursos ni en la debilidad de nuestro entramado productivo, sino en un desfasaje histórico: tenemos una economía del siglo XXI gestionada con la miopía de la política del siglo pasado.

La torta real: más allá del alfajor y el mar

Para entender qué somos, hay que mirar la matriz productiva sin anteojeras estacionales. La economía marplatense es un engranaje robusto que funciona los doce meses del año, sostenido por cinco pilares fundamentales:
  • Comercio y Servicios (74,7%): El gran pulmón cotidiano. El comercio minorista y mayorista tracciona un 22,5% del Producto Bruto (PB) local, respaldado por el negocio inmobiliario (11,2%), los servicios financieros y profesionales (10,5%), y el sector de hotelería y gastronomía (6,8%), que no es solo el que atiende al turista, sino el que motoriza la vida urbana de medio millón de habitantes.
 
  • Industria Manufacturera (14,6%): Anclada fuertemente en el Parque Industrial General Savio, que clama por ampliaciones y previsión energética, despliega músculo en la alimentación, la industria textil, la metalmecánica pesada y la industria química.
 
  • Puerto y Pesca (4,5% directa): El número crudo del producto engaña si se mira aislado. Mar del Plata es el puerto pesquero número uno de la Argentina: de nuestros muelles sale el 93% de las capturas provinciales, dinamizando astilleros, talleres navales, logística de frío y miles de empleos indirectos que sostienen barrios enteros al sur de la escollera norte.
 
  • Cinturón Frutihortícola y Construcción (~7,3%): El cordón verde que abraza las rutas 226 y 88 es el segundo polo productor de hortalizas del país. A su lado, la construcción actúa históricamente como el refugio anticíclico donde el capital privado canaliza sus excedentes.
 
  • Polo Tecnológico y Economía del Conocimiento: Un sector en expansión silenciosa pero constante, que exporta software y talento local hacia el mundo, generando divisas y salarios de alta calificación que luego derraman en el consumo local.

El verdadero abismo: entre el PB y la calle

Tener semejante espalda productiva y arrastrar tasas estructurales de pobreza y empleo informal no es una fatalidad climática ni una maldición portuaria. Es el síntoma de una dirigencia política que, tanto en el Concejo Deliberante como en el Ejecutivo municipal, suele empantanarse en la urgencia del parche fiscal, la chicana partidaria o el debate de coyuntura.

Mientras el mundo productivo invierte, arriesga y compite, la política local discute menudencias. La agenda del siglo XXI exige sacarse de encima los tics vetustos y encarar cuatro ejes impostergables:
  • De la riqueza al empleo registrado: El sector privado genera volumen, pero el Estado municipal debe crear el alivio normativo, la agilidad en habilitaciones y la previsibilidad fiscal para que esa inversión se traduzca en trabajo formal, blanco y con convenios colectivos dignos.
 
  • Infraestructura 4.0: Una ciudad moderna no se gobierna solo con bacheo y luminarias LED. Mar del Plata necesita potencia energética garantizada para el Parque Industrial, conectividad digital de alta velocidad, accesos viales eficientes para la carga portuaria y una planta de tratamiento de residuos y efluentes a la altura de una metrópolis.
 
  • Blindar el talento joven: No podemos seguir expulsando a nuestros cerebros. La ciudad tiene que consolidarse como un imán para que los egresados universitarios y los desarrolladores tecnológicos elijan quedarse a vivir acá, gastando sus sueldos en los comercios de barrio.
 
  • Desestacionalizar por decencia: Romper la trampa de los tres meses de verano requiere una política de Estado transversal —sin grietas entre Municipio, Puerto, universidades y cámaras empresarias— para posicionar a Mar del Plata como un hub de turismo de convenciones, eventos corporativos y agroindustria durante todo el año.

La economía marplatense demostró sobradamente que tiene con qué sostener el peso de su propia historia. La gran incógnita —el verdadero dilema político de nuestra era— es saber si la dirigencia estará a la altura de conducir semejante nave, o si seguirá prefiriendo mirar la planilla del PB desde la comodidad.

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