Hot Pilates y Hot Yoga comparten la sala caliente y poco más. Ambas se practican entre 32 y 40 °C. El trabajo y el objetivo no son los mismos.
El Hot Pilates es pilates sobre colchoneta, a unos 35-38 °C y cerca del 40 % de humedad. Algunas salas calientan con aire y otras con infrarrojos.Además, toma el método clásico (control, centro, precisión y respiración) y lo acelera con bloques dinámicos y música. Una clase dura entre 45 y 60 minutos. Su fortaleza es la fuerza sin impacto. El calor mejora la circulación y da más amplitud, y el corazón trabaja de más para regular la temperatura.El eje es el core: abdomen, espalda y estabilizadores. Es importante porque tonifica, ordena la postura y suma un estímulo que el pilates frío no tiene. Por eso sirve para fortalecer sin correr ni cargar peso. El sudor y el esfuerzo son reales.
Por otra parte, el Hot Yoga es cualquier yoga en sala caliente. No es Bikram, un formato fijo de 26 posturas y dos respiraciones, de 90 minutos y cerca de 40 °C. El de estudio puede ser vinyasa o hatha. Su fortaleza es la movilidad y la respiración. Las posturas se encadenan mientras el calor relaja los tejidos. Es sabido que sube la frecuencia cardíaca, aunque no gasta más energía que el yoga sin calor.
Con una práctica regular se puede mejorar la flexibilidad y el equilibrio. Ambas disciplinas están en boga y son las elegidas por jóvenes adultos que buscan entrenar y lograr relajarse. Así se practica pilates caliente para el centro y yoga caliente para moverse más lejos.
Por encima de 32 °C el margen se achica: sin consulta médica, no está indicado en embarazo o problemas cardíacos.