5 de febrero de 2026
DECADENCIA
¿Hay futuro digital en la administración de General Pueyrredon?
Con un parque informático que promedia los diez años de antigüedad, conectividad por antena en lugar de fibra óptica y servidores al límite de su capacidad, la administración de General Pueyrredon enfrenta una crisis de infraestructura que amenaza la continuidad operativa. La falta de ejecución presupuestaria en hardware y el fin del soporte de seguridad para la mayoría de sus sistemas operativos en octubre de 2026 sitúan al municipio en una situación de vulnerabilidad técnica crítica frente a las demandas de digitalización.

La modernización del Estado en el municipio de General Pueyrredon presenta una contradicción sistémica: mientras los planes de gestión enfatizan la creación de aplicaciones y plataformas de atención al vecino, el soporte físico que debe sostener esas herramientas se encuentra en un estado de deterioro avanzado. En la actualidad, el promedio de antigüedad de una computadora en las dependencias municipales supera la década, un ciclo de vida que duplica los estándares recomendados para la administración pública eficiente. Esta realidad se traduce en una operatividad plagada por terminales que aún funcionan con Windows 7 o versiones de Windows 10 cuyo soporte técnico por parte de Microsoft finalizará de manera definitiva en octubre de 2026. La falta de actualización de estos sistemas no sólo ralentiza la gestión diaria, sino que expone la base de datos fiscal y administrativa del distrito a riesgos de seguridad informática sin precedentes.
La precariedad de la red interna es otro de los puntos ciegos de la radiografía tecnológica marplatense. A diferencia de otros partidos de similar escala, la interconexión entre el Palacio Municipal, los entes descentralizados y las delegaciones no se realiza a través de una red de fibra óptica propia, sino mediante enlaces inalámbricos por antena. Este sistema de conectividad "por aire" limita drásticamente el ancho de banda y la estabilidad de la red, convirtiéndose en un “cuello de botella” para la implementación de trámites que requieran la carga de datos pesados o procesos en tiempo real. En el plano de la comunicación institucional, el desfasaje es contundente: el sistema de correo electrónico oficial, cuya arquitectura no ha sido renovada desde el año 2010, mantiene una restricción de apenas 2 megabytes para archivos adjuntos, una cifra que hoy resulta insuficiente incluso para el envío de documentos administrativos básicos en formato PDF, lo que obliga a los empleados a utilizar canales no oficiales y menos seguros.
En el corazón de la estructura, los servidores municipales operan en un estado de
saturación permanente. La capacidad de almacenamiento y procesamiento se encuentra rebasada, lo que impide la migración de nuevas áreas hacia la digitalización completa y genera caídas recurrentes —en los sistemas de turnos, pagos online y en aplicaciones como “¿Cuándo llega?”, por ejemplo—, que frustran al contribuyente.
A esta limitación de hardware se suma una irregularidad normativa en el software: la escasez de licencias oficiales ha derivado en la clonación de sistemas operativos en gran parte de las computadoras, una práctica que impide las actualizaciones críticas de seguridad. Pese a que la adquisición de nuevos servidores y equipos informáticos figura sistemáticamente en las partidas presupuestarias de cada ejercicio, la ejecución real de estos gastos es nula o marginal, priorizando el gasto en desarrollo de software externo o aplicaciones móviles por sobre el fortalecimiento del núcleo técnico del municipio.
Esta incongruencia presupuestaria revela que la informática ha sido tratada históricamente como un gasto de mantenimiento recortable y no como una inversión estratégica. Durante los últimos seis años, las licitaciones para la compra de equipamiento pesado han sido prácticamente inexistentes, centrando la inversión en la capa superficial del sistema —las aplicaciones de cara al usuario— mientras los cimientos digitales se degradan.
Con el 90% de las máquinas cuyas especificaciones imposibilitan actualizar a Windows 11, el horizonte de octubre de 2026 marca un límite temporal insoslayable; sin un plan de renovación masiva de hardware y la migración a una red de fibra óptica, el sistema municipal se encamina a un apagón técnico por vetustez, donde la digitalización de los trámites será imposible por la incapacidad física de los cables y procesadores para sostener el peso de la administración moderna.