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Lunes, 20 abril 2026
Argentina
19 de abril de 2026
POR EL MUNDO

El presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campaña

El presidente y el gobernador bonaerense protagonizaron en simultáneo giras internacionales que reflejan la profunda grieta ideológica de la Argentina actual

El presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campañaEl presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campañaEl presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campañaEl presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campañaEl presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campañaEl presidente y el gobernador se fueron del país, pero no de la campaña
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En una semana cargada de simbolismo político, el presidente Javier Milei y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, emprendieron viajes al exterior que funcionaron como espejo de sus concepciones del mundo, sus alianzas estratégicas y sus proyectos de poder. Uno voló a Tel Aviv; el otro, a Madrid y Barcelona. Misma semana, planetas distintos.

El presidente llegó este domingo por la madrugada a Tel Aviv en lo que constituye su tercera visita oficial a Israel en apenas dos años de mandato, una frecuencia inédita para cualquier jefe de Estado argentino. La primera parada fue el Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado del judaísmo y un destino que Milei visita con devoción personal: el mandatario atraviesa un proceso de conversión a esa religión.



La agenda oficial incluyó reuniones con el primer ministro Benjamín Netanyahu y con el presidente Isaac Herzog, además de su participación en los actos del 78° Día de la Independencia de Israel en el Monte Herzl. Lo acompañó el canciller Pablo Quirno, quien se reunió con su par israelí Gideon Saar en el marco del frágil alto el fuego con el Líbano.

El mensaje político fue nítido. "Defiendo la causa de Israel y el pueblo judío porque es una causa justa", declaró Milei antes de partir, en una entrevista con Canal 14 de Israel. El viaje consolida el vínculo más estrecho que Argentina haya tenido con Tel Aviv en décadas y reafirma el alineamiento del gobierno libertario con el bloque occidental liderado por Estados Unidos en el conflicto de Medio Oriente.

A miles de kilómetros, el gobernador bonaerense desembarcó en Madrid con una agenda tan intensa como cargada de guiños hacia el peronismo renovado y la izquierda internacional. Su viaje tuvo como eje central la participación en la Movilización Global Progresista (MGP) en Barcelona, un foro organizado por la Internacional Socialista, el Partido de los Socialistas Europeos y la Alianza Progresista, convocado específicamente para hacer frente a lo que su anfitrión, el presidente español Pedro Sánchez, define como "la ola reaccionaria de la ultraderecha".



El elenco que rodeó a Kicillof habla por sí solo: Sánchez, los presidentes Lula da Silva de Brasil, Gustavo Petro de Colombia y Claudia Sheinbaum de México, el ex alto representante europeo Josep Borrell, el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero y la líder italiana Elly Schlein, entre otros. El gobernador también se reunió con la ministra de Trabajo española Yolanda Díaz —con intercambio de libros incluido— y con empresarios argentinos y españoles de perfil discreto: "Para evitar represalias del gobierno de Milei", explicaron fuentes de su entorno.



La gira incluyó además la presentación de su libro De Smith a Keynes. Siete lecciones de historia del pensamiento económico en El Ateneo de Madrid, y una cena académica en la IE University junto a figuras del mundo diplomático y político europeo.
Sobre su futuro presidencial, Kicillof eligió la ambigüedad calculada. "No estoy recorriendo España como candidato", repitió, aunque en una entrevista radial con la cadena SER enumeró los pasos previos a cualquier candidatura: primero construir un espacio político articulado, luego definir programa, y recién después hablar de nombres. "Vengo del futuro", dijo, citando a la actriz Dolores Fonzi.

Más allá de las diferencias ideológicas, ambos viajes comparten una misma lógica: la internacionalización como recurso político doméstico. Milei y Kicillof utilizaron sus agendas exteriores para proyectarse, construir legitimidad ante sus respectivos públicos y enviar señales hacia adentro del país tanto como hacia afuera.

Los dos se fotografiaron junto a líderes de peso global. Los dos pronunciaron discursos ante audiencias internacionales que reforzaron sus marcos ideológicos. Y los dos, paradójicamente, negaron estar haciendo campaña mientras hacían exactamente eso.
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Las diferencias, sin embargo, son más profundas que las coincidencias. Milei viaja como jefe de Estado con el aparato del Poder Ejecutivo detrás, canciller incluido, y sus reuniones tienen rango de política exterior oficial. Kicillof lo hace como gobernador provincial, con los límites institucionales que eso implica, aunque con un perfil que claramente excede la administración de Buenos Aires.



En lo ideológico, el contraste es total. Mientras Milei se abraza a Netanyahu en medio de una guerra y reafirma su cosmovisión de "Occidente en combate contra el eje del mal", Kicillof comparte escenario con líderes que denuncian el ascenso global de la ultraderecha y llaman a la construcción de un multilateralismo progresista. Uno celebra a Israel como faro; el otro alerta sobre el debilitamiento de Naciones Unidas.

Y en sus críticas mutuas, aunque indirectas, también quedan expuestos. Kicillof usó la tribuna española para cargar contra el presidente: "Milei está bloqueando, a nivel autodestructivo, suicida, todo tipo de programa de interacción y colaboración", dijo, y añadió que la escuela austríaca que profesa el mandatario "es una escuela muy marginal" en la historia del pensamiento económico. Milei, por su parte, ni lo mencionó -no necesitó hacerlo.

Lo que estas giras simultáneas revelan, en el fondo, es que Argentina no solo está dividida puertas adentro. También proyecta al exterior dos relatos incompatibles sobre lo que el país es, con quién debe aliarse y hacia dónde debería ir.

Un presidente que reza en el Muro de los Lamentos y abraza a Netanyahu. Un gobernador que debate multilateralismo con Lula y Sánchez en Barcelona. Ambos, a su manera, diciéndole al mundo -y a los argentinos- qué tipo de país quieren construir.
La campaña de 2027 ya empezó. Y esta semana, se libró en el exterior.

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