10 de mayo de 2026
A MEDIA MÁQUINA
Concejo Deliberante: el incumplimiento reglamentario marca el ritmo del 111º período de sesiones
A dos meses de la apertura del año legislativo en General Pueyrredon, la disparidad en la frecuencia de las comisiones internas revela una preocupante falta de apego al estatuto. Mientras Educación y Movilidad Urbana mantienen una agenda constante, áreas críticas como Seguridad, Turismo y Hacienda exhiben un ausentismo administrativo que pone en jaque la discusión de los temas urgentes para Mar del Plata y Batán.

Desde que el pasado lunes 2 de marzo de 2026 quedara formalmente inaugurado el 111º período de sesiones ordinarias, el Palacio Municipal ha sido testigo de dos realidades paralelas. Por un lado, una estructura formal que exige encuentros semanales y quincenales para dar curso a los expedientes; por el otro, una práctica política que parece seleccionar qué temas merecen debate y cuáles pueden quedar archivados en el cajón de la desidia. El análisis minucioso de la actividad legislativa arroja un balance deficitario: de las trece comisiones permanentes que deben motorizar el funcionamiento del cuerpo, menos de la mitad cumple con la regularidad que impone el reglamento interno del Concejo Deliberante.
La brecha entre el deber ser y el hacer es especialmente alarmante en carteras de vital importancia para la gestión local. El caso de la comisión de Hacienda (Cardoso, PRO) es paradigmático. A pesar de tener carácter semanal y ser el filtro ineludible para cualquier iniciativa que implique recursos públicos, solo se ha convocado en tres oportunidades desde marzo. De las diez reuniones que debieron realizarse, siete quedaron en la nada, una cifra que resulta difícil de justificar en un contexto de fragilidad económica. Situación similar, aunque agravada por la nula frecuencia, atraviesan Seguridad y Turismo. La primera (Ranellucci, PRO), ha sesionado una única vez en lo que va del año, el pasado 1 de abril. La segunda (Álvarez Ríos, LLA) también ostenta el récord de una sola reunión el 17 de marzo. Resulta paradójico que, en una ciudad que se debate entre la preocupación por el delito y la necesidad de sostener su motor turístico, quienes conducen estas áreas no encuentren motivos para debatir ideas más de una vez cada sesenta días.
En el otro extremo del espectro de compromiso laboral se ubican las comisiones de Educación (Centurión, AM-MDF) y Movilidad Urbana (G. García, CC). Estas han logrado sostener una agenda de nueve sesiones cada uno, respetando la periodicidad semanal casi a rajatabla, incluso contemplando los feriados de marzo. Legislación, (Martínez Bordaisco, UCR + Nuevos Aires), y Obras (Muro, PRO) también mantienen una performance sólida con ocho encuentros, demostrando que cuando existe voluntad política, el calendario administrativo no es un obstáculo insalvable. Sin embargo, estas islas de eficiencia no logran ocultar el letargo de otros espacios como Derechos Humanos (Crespo, UP), que solo se reunió dos veces, o Políticas de Género (Ayala, AM-MDF), comisión convocada con la misma (escasa) frecuencia.
El desempeño por bloques políticos también deja tela para cortar. El PRO, que preside tres comisiones de peso, ofrece una imagen contradictoria: mientras impulsa la actividad en Obras, consiente el parate en Hacienda y Seguridad. La Libertad Avanza, con dos presidencias a su cargo, muestra uno de los promedios más bajos de actividad, con apenas cuatro sesiones totales entre Ambiente y Turismo. Por su parte, la bancada de Unión por la Patria, que ostenta las presidencias de Salud y Derechos Humanos, suma nueve sesiones totales, aunque la mayoría se concentra en la labor de Diego García en el área sanitaria, contrastando con la inacción en el área de derechos.
La labor de un concejal no se agota en la asistencia a las sesiones ordinarias del cuerpo, sino que encuentra su razón de ser en el trabajo de comisión, donde se pulen los proyectos y se escucha a los sectores involucrados. Cuando el estatuto establece que una comisión debe ser semanal, no es una sugerencia, es un mandato que garantiza la transparencia y la celeridad del Estado. El hecho de que hoy existan comisiones que apenas han registrado actividad desde la apertura de sesiones no solo es una falta de respeto al reglamento, sino una señal de que la agenda de los representantes parece estar desconectada de las urgencias de los representados. La lupa sobre el desempeño legislativo no es un hostigamiento, es un ejercicio necesario para que el 111º período no pase a la historia como el año de las puertas cerradas y los expedientes sin firma.