29 de mayo de 2026
¿CALIDAD LEGISLATIVA?
Veinticuatro bancas y una sequía de ordenanzas: el Concejo Deliberante que vive de la resolución y la rosca
Con una producción legislativa real que se cuenta a cuentagotas, los concejales de General Pueyrredon priorizan los proyectos inocuos sobre las soluciones estructurales. A las puertas del escenario electoral de 2027, la rosca política se devora la agenda de un distrito en crisis.

Por estricto mandato de la Ley Orgánica de Municipalidades, General Pueyrredon cuenta con la capacidad máxima de ediles permitida para los distritos que superan los doscientos mil habitantes. Veinticuatro concejales componen un cuerpo legislativo que, independientemente de las gestiones y las conformaciones, padece una parálisis de fondo que despierta un profundo y justificado malestar social. El problema no es de cantidad, sino de conducta. Un fenómeno endémico ha invadido a la dirigencia política local, adueñándose del Concejo Deliberante y transformándolo en un escenario donde el trabajo real brilla por su ausencia. Las fuerzas políticas, sus legisladores y la enorme estructura de asesores que los rodea centran la inmensa mayoría de sus esfuerzos en la redacción de proyectos de comunicación y de resolución; expedientes de nulo impacto práctico que resultan exponencialmente superiores en número a cualquier iniciativa de peso, y que no cambian ni mejoran en lo más mínimo el día a día de los vecinos y turistas.
La escasez de proyectos de ordenanza —las verdaderas herramientas jurídicas capaces de modificar la estructura municipal— es alarmante y se contabiliza a cuentagotas. La actividad legislativa real es mínima, y cuando excepcionalmente aparece un proyecto de ordenanza de relevancia, la intención detrás de su redacción rara vez está vinculada al bienestar comunitario; casi siempre responde a los hilos de la rosca política y al posicionamiento de facciones. Esta preocupante inversión de prioridades, donde el trámite menor y el debate estéril sepultan a las reformas de fondo, es una de las razones fundamentales que explican la actualidad de Mar del Plata y sus innumerables deficiencias estructurales. Los problemas crónicos de la ciudad se perpetúan mientras el Palacio Municipal funciona como una fábrica de declaraciones institucionales que no resuelven baches, ni mejoran la seguridad, ni optimizan los servicios públicos.
Este panorama no se restringe a la actual conducción del Concejo ni a una bandera partidaria en particular, sino que abarca a todo el arco político por igual a lo largo de sucesivas conformaciones. La responsabilidad es compartida e inocultable. De las siete fuerzas políticas representadas hoy en el recinto, contando tanto al oficialismo como a la oposición, tres ya han tenido a su cargo la intendencia del distrito, incluso por más de un período consecutivo, sin haber revertido este vicio corporativo. Asimismo, el resto de los partidos que hoy integran la coalición oficialista no se limitan a la labor legislativa, sino que ocupan casilleros clave dentro del Departamento Ejecutivo. Por su parte, la oposición, lejos de utilizar sus bancas para contrarrestar la inacción mediante la propuesta de ordenanzas sólidas y superadoras, prefiere recostarse en lo discursivo, agitando consignas como banderas políticas de consumo interno. La estrategia es netamente electoralista: se debate para la tribuna mientras se evita el costo de legislar en serio. Así, las gestiones pasan, los funcionarios rotan, los legisladores se renuevan y los vecinos terminan siendo siempre el fusible de un sistema que se retroalimenta a sí mismo.
El escenario actual, situado a finales de mayo de 2026, no ofrece indicios de tregua, sino más bien lo contrario. Con el horizonte electoral de 2027 asomando ya en el radar de la política, los tiempos de la gestión real tienden a acortarse en favor de la especulación táctica. A medida que la rosca partidaria gane terreno y centralidad, es previsible que la producción de ordenanzas reales disminuya aún más, cediendo el espacio a las chicanas de sesión y a los proyectos de resolución diseñados exclusivamente para desgastar al rival o posicionar candidatos. El Concejo Deliberante de General Pueyrredon afronta los meses venideros sumergido en su propia lógica de supervivencia, ratificando que el verdadero drama local no radica en el cupo de sus veinticuatro bancas, sino en la alarmante intrascendencia de su producción.