Axel Kicillof enfrenta cada vez más desafíos para ordenar la jungla donde se mueve la política y la gestión. Su deseo presidencial demanda más apertura y el convite para presidir el PJ fue una encerrona.
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El segundo mes de 2026 comenzó con más continuidades que rupturas para la política de la provincia de Buenos Aires y el escenario para el peronismo sigue incierto. Axel Kicillof emprendió su sueño hacia la Casa Rosada, pero el camino se presenta con obstáculos de variada complejidad. La falta de un liderazgo claro impide ordenar elementos básicos como la gestión y la tropa del oficialismo.
El Gobernador está decidido a dar el salto para poder ser quien reemplace al presidente, Javier Milei, en 2027 y cada acción que realiza se magnifica por lo que se encuentra en el ojo de la tormenta. La gestión presenta una serie de dificultades vinculadas estrictamente a lo económico y se agravan en torno a la particular forma que posee para tomar decisiones políticas.
Con una casi nula forma de recursos propios, el camino de tomar deuda para garantizar el sostenimiento del funcionamiento del Estado expone las carencias del Gobierno bonaerense. No obstante, no hay que dejar pasar la quita de fondos multimillonarios que aplica Nación a las arcas provinciales. Dejar ordenada la provincia de Buenos Aires tanto en lo económico como en lo político no será tarea fácil. Hasta el momento Kicillof no dio muestras fehacientes y mientras realiza su campaña presidencial no logra estabilizar su principal carta de presentación, que es la gestión. Del mismo modo, posee serias dificultades internas en medio del enfrentamiento que libra con La Cámpora y no se erige como líder nato del peronismo. Dos señales que preocupan, sobre todo a diferentes terminales de los propios.
En cuanto a la administración, el problema de la deuda es significativo y podría marcar seriamente su futuro. Por empezar, en lo más inmediato, el Poder Ejecutivo sostiene obligaciones sin pagar con proveedores del Estado. La situación se da luego de atravesar un 2025 totalmente asfixiado, sin cumplir con los compromisos y por lo que el Gobernador demandaba la aprobación del endeudamiento. A fin de año, finalmente obtuvo la Ley de Financiamiento que asciende a poco más de 3.600 millones de dólares. No obstante, con la herramienta por la que tanto exigió y tensó la cuerda con el kirchnerismo todavía no pudo avanzar en soluciones concretas. Se estima que el monto de lo adeudado a los proveedores sería de 1,5 billones de pesos y no hay certezas sobre los tiempos de cancelación.
Los retrasos también se observan hacia los distintos ministerios que componen el gabinete y que se ven en aprietos para garantizar sus respectivas acciones. Según pudo saber este medio, no son pocos los ministros que le demandan celeridad al Ejecutivo para que autorice partidas y así cancelar deudas pendientes.
La preocupación va aumento en las estructuras de las carteras con mayor peso en la gestión ya que finalizó el 2025 con la expectativa de soluciones a tales inconvenientes, pero en el segundo mes del nuevo año no obtienen respuestas. La bronca invade a algunos, pero otros prefieren respirar profundo y confiar en que todo se va a encaminar.
Los municipios también atraviesan un panorama complicado sobre susfinanzas y muchos de ellos tomaron medidas para pasar la tormenta, que van desde baja de salarios de sus funcionarios hasta el incremento o creación de tasas. El Fondo de Emergencia y Fortalecimiento de la Inversión Municipal para los ejercicios 2026 y 2027 creado tiene una base de hasta 350 mil millones de pesos con un primer desombolso en abril y los alcaldes lo esperan con ansias.
La distribución de recursos coparticipables por Coeficiente Único de Distribución (CUD) genera discordia en los distritos que consideran que se ven más afectados por un repar to desigual. Ya se sumaron varias voces para encarar un proceso de modificación del mismo y será otra decisión política que deba adoptar el Gobierno bonaerense.
Por su parte, la deuda pública de la provincia de Buenos Aires alcanzó los USD 11.633 millones al 30 de septiembre de 2025, según informó el Ministerio de Economía bonaerense. En ese mes, el Gobierno provincial cerró un acuerdo con los bonistas que habían quedado fuera del canje de deuda realizado en 2021.
De acuerdo a los datos oficiales, el stock de deuda registró un aumento trimestral del 13,3% medido en pesos, impulsado principalmente por el efecto del tipo de cambio, que explicó ARS 1,89 billones del incremento. A ello se sumaron desembolsos de organismos multilaterales y nuevas emisiones de títulos en el mercado local.
En cuanto a la composición, el 81% de la deuda corresponde a bonos, mayoritariamente bajo ley extranjera, mientras que los préstamos con organismos multilaterales representan el 17,9%. La estructura por moneda refleja una elevada exposición cambiaria, con casi el 87% del total vinculado al dólar, y una participación menor de deuda en euros y en pesos.
En lo que respecta al corriente año la Provincia enfrenta com promisos significativos tanto por amortización como por intereses, con un peso relevante de los bonos emitidos bajo ley extranjera y de los títulos domésticos en dólares pagaderos en pesos. En ese marco, los servicios de deuda se concentran principalmente en instrumentos en dólares y en pesos indexados, reflejando el impacto combinado de la estructura dolarizada y de los mecanismos de indexación vigentes.
Mientras tanto, desde el Gobierno bonaerense afirman que Milei quitó fondos por un total de 14,7 billones de pesos en función de deudas directas Nación, saldos de obras públicas comprometidas y por la discontinuidad o retrasos de programas nacionales. Según pudo conocer La Tecla, en marzo tienen previsto solicitar nuevas audiencias con la Corte Suprema de Justicia con el objetivo de pedir respuestas ante los recursos presentados para demandar la devolución de dinero adeudado.
En cuanto al especto político de la gestión, tampoco logra revertir la relación conflictiva con la Legislatura a pesar del cambio de su conformación. Si bien logró conformar una pequeña tropa propia, el Gobernador mantiene cortocircuitos con el kirchnerismo. El Senado es un fiel reflejo de la situación y un llamado de atención para lo que puede ser este 2026.
La disputa por la conducción del peronismo continúa abierta y sin solución a la vista. Ahora se expresa nítidamente en la pelea por la presidencia del Partido Justicialista (PJ) bonaerense en la que tanto el kicillofismo y el kirchnerismo se enfrentan en una nueva batalla. Cualquier provincia gobernada por un dirigente peronista tiene como presidente de la estructura partidaria a esa misma figura. Eso en territorio bonaerense no sucedió desde que Kicillof se sentó en el sillón de Dardo Rocha y marca una particularidad, propia de los tiempos que se viven.
La jugada de Máximo Kirchner de proponerlo como titular del PJ lo puso en aprietos. Además, se le suma la presión de Mariel Fernández que adelantó que, si Verónica Magario es candidata, ella presentará su propia lista.
Algunos intendentes y ministros del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) le habían pedido allá por octubre que tomara las riendas del partido. En aquel entonces fue descartado por Kicillof, pero ahora el escenario cambió.
En el peronismo hay quienes evalúan que la indefinición de Kicillof nuevamente pone a su sector en un lugar incómodo. Otros dicen que debería aceptar y avanzar con su proyecto para fortalecer al MDF en todo el país de la mano del justicialismo, pero con apertura a otros sectores.
El contexto y sus perspectivas de futuro le exigen al Gobernador una serie de toma de decisiones de peso tanto en la gestión como en el plano político. La carrera presidencial lo obliga a mostrar ordenada la Provincia, que hasta el momento se caracteriza por no tener un jefe claro con campamentos enfrentados entre sí. El tiempo dirá si finalmente podrá cumplir con los objetivos o si quedará en a mitad de camino.