27 de marzo de 2026
ZONA BAJO PRESIÓN
Chapadmalal, epicentro de la avanzada política: proyectos en serie, legalizaciones exprés y demasiadas dudas
Concesiones a largo plazo, habilitaciones en zonas sensibles y expedientes que corren detrás de los hechos configuran un patrón que despierta sospechas. Mientras el oficialismo acelera sobre la costa, la oposición denuncia pero no logra frenar una agenda cada vez más concentrada en Chapadmalal.

La avanzada sobre Chapadmalal dejó de ser una suma de expedientes aislados para convertirse en un fenómeno político en sí mismo. En las últimas semanas, el Concejo Deliberante de General Pueyrredon empezó a recibir y debatir una pila enorme de proyectos que, aunque distintos en su forma, comparten un mismo territorio y una misma lógica para intervenir, habilitar o redefinir el uso de una de las zonas más sensibles del distrito. Lo que antes aparecía como iniciativas puntuales hoy empieza a leerse como una orientación política deliberada.
El caso más visible es la concesión por 30 años de la Unidad Turística de Chapadmalal impulsada por el Gobierno nacional, que busca atraer inversión privada y reducir el peso del Estado sobre el complejo. Pero ese movimiento no está aislado,a la vez, el Ejecutivo local empuja habilitaciones para hoteles de alta gama en áreas protegidas, mientras el Concejo termina aprobando emprendimientos que ya estaban funcionando, como el caso del Locus Solus.
En ese marco, la discusión técnica, como la cartografía confusa, las parcelas ocupadas o los límites poco claros, empieza a jugar un papel clave. No como un simple problema administrativo, sino como una condición que habilita discrecionalidad. Cuando no está claro qué se puede hacer y dónde, todo queda más expuesto a interpretaciones políticas. Y ahí es donde el oficialismo encuentra margen para avanzar, mientras la oposición cuestiona, pero corre de atrás.
La sobreactuación política también es parte del escenario. El intendente en uso de licencia, Guillermo Montenegro no solo respaldó la privatización, sino que la vinculó con episodios pasados como la toma de tierras en El Marquesado, construyendo un relato que asocia inversión privada con orden y recuperación del territorio. Chapadmalal dejó de ser solo un espacio turístico para convertirse en un símbolo dentro de la disputa ideológica.
En paralelo, la oposición aparece fragmentada entre cuestionamientos ambientales, reclamos vecinales y advertencias sobre el modelo de desarrollo. Sin embargo, esa resistencia no logra frenar el ritmo de los expedientes ni imponer una agenda alternativa clara. El resultado es un escenario donde se denuncia mucho, pero se incide poco.
Lo llamativo es la concentración, mientras otros sectores del partido no muestran el mismo nivel de iniciativas, Chapadmalal acumula proyectos estratégicos en simultáneo. Concesiones, cambios de uso, desarrollos turísticos, conflictos legales y habilitaciones exprés. La pregunta que empieza a sobrevolar en la política local es si se trata de una planificación integral o de una sumatoria de decisiones que terminan reconfigurando el territorio sin un debate profundo.
Chapadmalal se transformó en el nuevo tablero de la rosca política marplatense. Un lugar donde se cruzan intereses económicos, definiciones ideológicas y oportunidades de posicionamiento. Y donde, detrás de cada expediente, ya no solo se discute qué se construye, sino cómo será el modelo de ciudad que viene.