La Tecla Mar del Plata
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El secretario de Turismo y Ambiente de la Nación, Daniel “pichichi” Scioli, volvió a posar para la foto en Mar del Plata con un viejo anhelo, instalar a la ciudad como escala de cruceros internacionales. Esta vez, lo hizo junto al capitán del Seaventure y actores del sector portuario, en una recorrida que, según la versión oficial, buscó “evaluar el potencial” del puerto local. Una escena repetida que, lejos de mostrar avances, refuerza la sensación de figurita repetida.
El problema no es el diagnóstico, sino la falta de un plan serio. Scioli habla de posicionar a Mar del Plata como la “cuarta ciudad receptora de cruceros” del país, pero omite detallar cómo se resolverán las limitaciones estructurales del puerto, qué inversiones serán necesarias y en qué plazos. Sin obras concretas ni compromisos firmes, la iniciativa queda más cerca del marketing político que de una política turística sostenible.
La apelación a cifras nacionales, 700 mil turistas y millones de dólares en impacto, tampoco alcanza para disimular la falta de resultados locales. Mientras Buenos Aires, Ushuaia o Puerto Madryn consolidan su lugar en el mapa del crucerismo, Mar del Plata sigue acumulando anuncios sin ejecución, atrapada entre diagnósticos optimistas y una inercia que no se rompe.
En ese escenario, el rol del Ente Municipal de Turismo vuelve a quedar bajo la lupa. Su presidente, el coach ontológico, Diego Juárez, participó del encuentro pero sin fijar una postura clara ni presentar una hoja de ruta concreta para acompañar el proyecto. La falta de liderazgo local en una discusión estratégica resulta tan preocupante como las promesas vacías que llegan desde Nación.
Ni siquiera el anuncio de una posible llegada de un primer crucero en octubre logra despejar las dudas. Dos recaladas por temporada, sin infraestructura adecuada ni garantías de continuidad, difícilmente constituyan un cambio estructural para el turismo marplatense. Más bien, refuerzan la lógica de prueba piloto que rara vez escala a políticas sostenidas.
Mar del Plata no necesita más anuncios ni recorridas protocolares. Necesita planificación, inversión y hechos concretos. Hasta ahora, ni Daniel Scioli ni Diego Juárez han demostrado estar a la altura de ese desafío, solo relato.