12 de abril de 2026
CONFLICTO UNIVERSITARIO
Carpa, clases públicas y festival: la protesta universitaria vuelve a la calle en Mar del Plata
Docentes, nodocentes y estudiantes de la Universidad Nacional de Mar del Plata realzan el reclamo por el financiamiento mientras el conflicto escala y suma capítulos locales.

La escena no es nueva, pero vuelve con fuerza, carpas, clases públicas y actividades en la calle para visibilizar un conflicto que sigue recalentandose. Desde el lunes 13 de abril, la comunidad de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP) desplegará una serie de acciones en distintos puntos de la ciudad para exigir la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario.
La iniciativa fue impulsada por la Agremiación Docente de la Universitaria de Marplatense (ADUM) y la Agremiación de Personal de la UNMDP (APU), que resolvieron instalar una “Carpa Universitaria” como eje de la protesta. El cronograma incluye actividades en el complejo universitario (Dean Funes y Rodríguez Peña) el lunes 13 y miércoles 15 de abril, mientras que el martes la movida se trasladará al centro, frente a la Catedral y el Municipio, con un festival artístico.
Más allá del formato, que mezcla la protesta clásica con apelación a la comunidad, el trasfondo es el mismo que atraviesa al sistema universitario desde hace tiempo. La falta de actualización presupuestaria y la caída del poder adquisitivo de los salarios. Según plantean desde los sectores en conflicto, el desfasaje desde fines de 2023 ronda el 49%, en un contexto inflacionario que no da tregua.
Sin embargo, el reclamo también empieza a exhibir tensiones propias. Mientras los gremios buscan sostener la agenda en la calle, el impacto real de las medidas y su capacidad de presión vuelven a quedar en duda. La repetición de esquemas de protesta plantea interrogantes sobre cuál es el impacto en la agenda política más allá del ámbito universitario.
En paralelo, el conflicto deja expuesto otro frente, la dificultad de articular respuestas concretas desde el ámbito político. Con el financiamiento definido a nivel nacional, los actores locales se mueven entre declaraciones de apoyo y gestos simbólicos, sin capacidad real de incidir en la resolución de fondo. Un terreno donde la protesta crece, pero las soluciones están paralizadas.