A más de un mes de la renovación de bancas, el Concejo Deliberante de General Pueyrredon ofrece hoy, 19 de enero de 2026, una postal de contradicciones profundas. Mientras el país atraviesa un clima de ajuste y cuestionamiento al gasto estatal, en los pasillos de la Municipalidad la preocupación no parece ser cómo optimizar recursos, sino cómo llenar las vacantes de la generosa planta política. El Artículo 22 del Reglamento Interno, ese manual de supervivencia de la clase política local, permite que cada concejal cuente con hasta nueve agentes a su disposición. En un cuerpo de 24 ediles, la cuenta es obscena: un ejército de cerca de 200 personas destinadas, en teoría, a "asesorar", pero que en la práctica funcionan como el primer escalón para consolidar una carrera viviendo de los impuestos ajenos.
La parálisis administrativa que mantiene en el limbo la oficialización de estos cargos no es un síntoma de prolijidad, sino de una negociación de "rosca" que no termina de cerrar. La Dirección de Administración todavía espera los formularios completados con la rigurosidad de la tinta azul o negra, pero el verdadero escollo es político. ¿Cuántos de esos futuros agentes están destinados a pensar soluciones para el colapsado sistema de transporte o el caótico desarrollo urbano? Muy pocos. La tendencia que sobrevuela el Palacio Municipal indica que la prioridad hoy es la estética por sobre la ética. Los equipos que hoy operan en un interinato de hecho están más poblados de "Community Managers", editores de video y especialistas en redes sociales que de técnicos capaces de destrabar el centenar de expedientes que ya juntan polvo en las comisiones.
Resulta cínico que, en un contexto donde el Ejecutivo municipal ya solicitó su cuarta prórroga para presentar el Presupuesto 2026, la energía legislativa esté puesta en ver quién se queda con la Secretaría de Bloque o cuántos auxiliares le corresponden a cada firma. Los concejales parecen más preocupados por tener a alguien que les sostenga el aro de luz para grabar un reel de Instagram o unos tweets para X que por el estudio de los marcos teóricos que fundamenten una ordenanza útil. Se ha instalado en el Concejo una suerte de "marketing de la gestión" donde lo que importa es la "vista" en redes sociales y no la visión estratégica de la ciudad.
Esta falta de formalización de la planta política pone de manifiesto que el Concejo funciona hoy como una agencia de publicidad financiada por el Estado. Mientras las comisiones permanentes no arrancan y la actividad de fondo continúa en pausa, la única maquinaria que no se detiene es la de la conveniencia propia. Al final del día, la incógnita sigue siendo la misma: ¿cuándo empezarán a tratarse los proyectos sensibles para los marplatenses?