28 de enero de 2026
PANORAMA COMPLICADO
Se lanzó la 4° Semana del Pulóver Marplatense en un escenario crítico para la industria textil
En un contexto de profunda retracción del consumo interno y una creciente preocupación por la apertura de las importaciones, la Cámara Textil de Mar del Plata oficializó la nueva edición de su evento insignia. La iniciativa, que se desarrollará del 6 al 13 de febrero, busca no solo incentivar las ventas en más de cien sesenta, sino también consolidar un mensaje político y social en defensa de la producción local y el empleo frente al avance de modelos de comercialización que amenazan el entramado fabril de la ciudad.

La presentación oficial de la 4° Semana del Pulóver Marplatense contó con la participación de los principales referentes de la Cámara Textil y dirigentes del Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC). Más allá de los detalles operativos que marcan esta cuarta edición —que incluirá descuentos de hasta el 50% en puntos clave como la avenida Juan B. Justo, el centro y la zona de Güemes—, el acto realizado en la sede del Ente municipal funcionó como un termómetro de la delicada situación que atraviesa el sector. Los organizadores hicieron hincapié en que esta "Semana del Pulóver" coincide con un nuevo aniversario de Mar del Plata, reforzando la idea de que el tejido es parte indivisible de la identidad local, una bandera que hoy se levanta con mayor fuerza ante la fragilidad de la matriz industrial.
El trasfondo de este lanzamiento está marcado por las tensiones que dominan la agenda política local. Mientras el oficialismo acompaña institucionalmente estas acciones de promoción comercial para sostener la actividad durante los doce meses del año, desde los sectores de la oposición se ha insistido en los últimos meses en la necesidad de medidas de protección más drásticas. La crisis no es una abstracción: el sector llega a este evento arrastrando el impacto de suspensiones masivas en fábricas emblemáticas de la ciudad y una caída en la utilización de la capacidad instalada que, según datos recientes, apenas supera el 40%. Esta realidad ha llevado a que, en el ámbito legislativo, se debatan proyectos para manifestar la preocupación por el futuro de cientos de familias que dependen de los telares marplatenses.
En ese sentido, el discurso de la Cámara Textil durante la presentación fue contundente respecto a la trazabilidad y la responsabilidad productiva. Frente a la competencia de prendas importadas que ingresan al mercado con costos que los productores locales califican como "precios viles", se puso en valor la mano de obra local y el cumplimiento de las normativas laborales, marcando una distancia ética con el modelo de producción masiva y despersonalizada que suele asociarse a la ropa del exterior. "Saber quién hizo la prenda" se ha convertido en un lema de resistencia para una industria que, aunque golpeada por el desplome de la producción nacional, apuesta a la calidad y al diseño como su principal diferencial competitivo.
La apuesta comercial de febrero, que contará con la adhesión de más de sesenta marcas —desde firmas tradicionales hasta nuevos emprendimientos—, intenta ser un bálsamo para un mercado interno debilitado. La estrategia de expandir los beneficios más allá de los centros comerciales tradicionales responde a una necesidad de visibilizar que la industria textil no es un enclave aislado, sino un motor que irriga a toda la economía de la ciudad. Sin embargo, el optimismo por el evento no oculta la realidad de los galpones ociosos y la incertidumbre que reina sobre lo que ocurrirá después de la temporada estival.
De este modo, la oficialización de esta semana de promociones deja planteado un debate que excede lo comercial y se instala en lo estrictamente político: cómo proteger una industria histórica en una era de liberalización comercial. Mientras la ciudad se prepara para celebrar su aniversario entre lanas y tejidos, el sector textil marplatense aprovecha la vidriera para recordar que detrás de cada pulóver hay un entramado social que hoy, más que nunca, demanda políticas que aseguren su supervivencia frente a la amenaza de la desindustrialización.