28 de enero de 2026
DISTANCIADOS
Rosca política 1 - Vecinos 0: el verano de un Concejo que legisla para sí mismo
A cincuenta días de la renovación de las bancas, el Concejo Deliberante de General Pueyrredon muestra una parálisis legislativa alarmante. Mientras la ciudad acoge turistas y los problemas estructurales de los marplatenses y batanenses siguen sin respuesta, la actividad en el recinto se reduce a expedientes de relleno y una preocupante ausencia de proyectos de ordenanza.

El calendario no miente, aunque la política intente maquillarlo. Han pasado exactamente cincuenta días desde aquel 10 de diciembre de 2025 en el que los nuevos concejales juraron trabajar por el bienestar del partido. Sin embargo, al cumplirse este primer ciclo de 50 días de bancas, la realidad es una bofetada al sentido común: la "rosca" política le gana por goleada a las necesidades vecinales. En un escenario donde se supone que los representantes deberían estar puliendo las herramientas jurídicas para mejorar la vida cotidiana, la producción legislativa parece más un ejercicio de burocracia interna que una vocación de servicio. Las estadísticas son demoledoras: de los 97 expedientes presentados en este período, apenas 12 son proyectos de ordenanza. Es decir, solo un puñado de iniciativas busca generar normas reales, obligatorias y permanentes para regular el tránsito, las tasas o el ordenamiento territorial, mientras el resto se pierde en el humo de las comunicaciones y las resoluciones de cortesía.
La tabla de posiciones de este campeonato de la desidia muestra a Eva Ayala en la cima con 17 expedientes, aunque apenas dos de ellos son proyectos de ordenanza, seguida de cerca por Diego García con 16 presentaciones y tres proyectos de fondo. Valeria Crespo completa el podio con 15 expedientes y un solitario proyecto de ordenanza. En una segunda línea de "productividad" administrativa aparecen Melisa Centurión, con 11 expedientes y dos proyectos de ordenanza, y Vilma Baragiola, quien ostenta 7 expedientes pero ninguna iniciativa que aspire a convertirse en norma municipal. Les siguen Gabriela Azcoitia y Horacio Taccone, ambos con 6 expedientes y un solo proyecto de ordenanza cada uno, mientras que Mariana Cuesta apenas registra 4 presentaciones con un único proyecto de fondo.
A medida que descendemos en la lista, el panorama se vuelve más desolador y la acidez del análisis es inevitable. Ariel Martínez Bordaisco acumuló 3 expedientes sin proyectos de ordenanza, mientras que el lote de los que apenas parecen haber pasado por la oficina incluye a Pablo Obeid con 2 expedientes y un proyecto, junto a Ricardo Liceaga Viñas, Florencia Ranellucci y Emiliano Recalt, todos con 2 expedientes que no califican como proyectos de ordenanza. La intrascendencia se agudiza con Marcelo Cardoso, Guido García, Solange Flores y el exintendente Gustavo Pulti, quienes apenas registran un único expediente cada uno, ninguno de ellos con pretensiones de ser ordenanza. Pero el verdadero vacío legislativo lo ocupan quienes no han presentado absolutamente nada: Juan Manuel Cheppi, Julián Bussetti, Fernando Muro, Liliana Piccolo, Rolando Demaio, Noelia Álvarez Ríos y Vanesa Benavídez cierran la nómina con el casillero en cero.
Este despliegue de inacción no es gratuito. Mientras los vecinos de Mar del Plata y Batán lidian con baches, obras polémicas y un sistema de transporte que siempre parece al borde del colapso, sus representantes parecen más preocupados por el reordenamiento de fuerzas internas y la supervivencia en el juego de las sillas políticas. El verano, lejos de ser un tiempo de trabajo intenso para aprovechar la vidriera de la ciudad, se ha convertido en el refugio de una clase política que se mira a sí misma. Si la jerarquía de una ordenanza es lo que define el rumbo de un municipio, el rumbo actual es la deriva. La política marplatense vive su propia temporada de espaldas a la gente, confirmando que en el Concejo Deliberante las prioridades están invertidas: la rosca sigue viva, pero el vecino sigue esperando.