2 de febrero de 2026
PATRIMONIO Y DEBATE
Concejo Deliberante: ¿la nueva conformación será un actor testimonial del desarrollo urbano?
Con el tramo final del verano, el Concejo Deliberante se apresta a retomar una práctica que le resulta familiar: la concesión de excepciones urbanísticas. Esta vez, el foco está puesto en un inmueble de estilo académico, ubicado en la esquina de Hipólito Yrigoyen y Belgrano y catalogado como Patrimonio Histórico, que podría quedar a merced de un canje por una probable “compensación”. En ese marco, el oficialismo vuelve a poner a prueba su mayoría automática, en un escenario atravesado por la presión y la voracidad del negocio inmobiliario.

Con la llegada de febrero, asoma en el horizonte marplatense el verdadero deporte de riesgo de la ciudad: la gestión del espacio público y la preservación de su identidad. El escenario de la próxima batalla no será la arena, sino el recinto del Concejo Deliberante, donde una desarrolladora porteña haría desembarcar una nota capaz de encender las alarmas de un patrimonio que, una vez más, se percibe acorralado por el cemento. El objetivo es el inmueble de Hipólito Yrigoyen 1910, aquella emblemática esquina que supo albergar a la Farmacia Garagnani y la Mueblería Roberts y que hoy se mantiene como uno de los escasos y elegantes testimonios del estilo académico que aún respiran en la ciudad. Protegido por la ordenanza 10.075, por medio de la 13.254, el edificio no es solo una estructura de dos pisos y subsuelo; es un fragmento de la memoria urbana que el Código de Preservación Patrimonial debería blindar, pero que la aritmética política actual parece dispuesta a subastar.
La propuesta que aterrizaría en los despachos oficiales tiene el tinte de una ironía pesada: solicitar la desafectación del inmueble para emplazar una plaza seca que funcionaría como “compensación” por otro desarrollo inmobiliario en la ciudad. Así, se trataría de una lógica de canje donde la identidad histórica se entrega a cambio de un parche diseñado para lavar la cara de un negocio mayor. No es la primera vez que este gigante de piedra enfrenta la embestida de la rentabilidad a corto plazo. En el pasado se intentó sin éxito quitarle el traje de protección patrimonial. Sin embargo, lo que antes encontró un freno, hoy se topa con un escenario político sensiblemente más dócil para los intereses privados.
El oficialismo de General Pueyrredon llega a este inicio de sesiones con un capital de catorce voluntades que, sobre el papel, funcionan con la precisión de una escribanía. Entre los cinco escaños del PRO, los cuatro de la Unión Cívica Radical+Nuevos Aires (UCR+NA), el voto de la Coalición Cívica - ARI (CC–ARI) y los cuatro apoyos de La Libertad Avanza (LLA), el número mágico de la mayoría está garantizado. La duda que flota en el aire no es matemática, sino ética y política. ¿Se encamina el interbloque oficialista hacia un rol puramente testimonial donde la protección del patrimonio sea apenas un estorbo burocrático para el "progreso" y desarrollo privado? La tendencia de los últimos períodos legislativos, signada por la aprobación sistemática de expedientes de excepción, ¿seguirá siendo la regla?
Para sumar una dosis de picante al caldo de cultivo, la figura de Agustín Neme como intendente interino no pasa desapercibida. Neme ha sabido ser una de las voces más estridentes a la hora de defender el padrinazgo privado sobre los espacios públicos, una postura que ve en el mercado inmobiliario al único arquitecto válido para el futuro de la ciudad. Con este escenario, la pregunta es si el oficialismo tendrá la audacia de imponer su visión sobre el Patrimonio Histórico o si, por el contrario, guardará las formas ante una sociedad que empieza a cansarse de ver cómo sus hitos arquitectónicos desaparecen entre grúas y "compensaciones" de dudoso valor público.
Párrafo aparte merece la incógnita que rodea a un sector de la oposición: ¿qué posición adoptará Acción Marplatense–Movimiento Derecho al Futuro (AM-MDF)? Durante la intendencia de Gustavo Pulti, y cuando Martín Aiello —hoy presidente del partido— se desempeñaba como concejal y secretario adjunto de La Bancaria, se intentó sin éxito desafectar el inmueble de su condición de Patrimonio Histórico. Aquella avanzada no prosperó y, en medio de manejos que desde la conducción nacional del gremio no habrían resultado del todo claros, la central de La Bancaria en Buenos Aires decidió intervenir y quedarse con la propiedad. Ese mismo inmueble es el que ahora la desarrolladora porteña estaría escriturando, tras haber sido adquirido a la conducción nacional del sindicato. Con Pulti nuevamente sentado en una banca del Concejo Deliberante, la pregunta vuelve a escena: ¿acompañará el bloque vecinal una eventual desafectación? ¿Votará en contra, quedando atrapado en una contradicción política? ¿U optará por la tibia y cómoda abstención?
El debate por el inmueble de Yrigoyen 1910 será el termómetro de lo que vendrá. Si el Concejo cede ante la desarrolladora porteña, quedará claro que las ordenanzas de preservación son apenas sugerencias decorativas y que cualquier edificio, por más académico y elegante que sea, tiene un precio de liquidación si se ofrece a cambio una plaza de consuelo. Mientras la temporada se despide, la política local se prepara para demostrar si su lealtad está con la historia de los marplatenses o con la planilla de Excel de los desarrolladores.