El desalojo y posterior demolición de la histórica feria de la Bristol no fue un hecho aislado ni improvisado. Detrás del operativo, que se apoyó en herramientas legales vinculadas a la propiedad de marcas, el gobierno aceleró un objetivo que llevaba años en pausa: reactivar la concesión del estratégico espacio costero donde funcionaba la llamada “Saladita”.
La jugada no es nueva, pero sí el timing. El Ejecutivo local venía con aval legislativo desde 2022 para avanzar con un esquema de explotación privada en ese sector, bajo la figura del “Paseo de Compras Bristol”. Sin embargo, la licitación había quedado archivada sin avances concretos. Ahora, con el terreno liberado tras el operativo, la iniciativa vuelve a escena con otro impulso.
La Saladita, instalada desde fines de los años ‘90 en la Bristol, había tenido en su momento un encuadre normativo que la vinculaba al Sindicato de vendedores ambulantes. Ese respaldo se diluyó con el paso del tiempo, dejando el predio en una zona gris que el Municipio terminó utilizando como argumento para ir a la Justicia Federal y allanar el camino al desalojo.
Ahora, con la feria fuera de escena, en el radar oficial vuelve a aparecer la posibilidad de reconvertir el lugar en un paseo comercial formal. En ese esquema, ya se menciona el interés de inversores, tanto de la ciudad como foráneos, atentos a una ubicación privilegiada que durante décadas funcionó por fuera de los circuitos tradicionales.
El movimiento deja varias lecturas abiertas: desde el uso de herramientas legales para resolver conflictos históricos hasta la oportunidad de negocios en tierras públicas. Lo concreto es que, tras años de parálisis, el Municipio encontró una ventana para desempolvar un proyecto que apunta a cambiarle la cara —y el uso— a uno de los puntos más emblemáticos de la costa marplatense.