Mientras en la política marplatense las discusiones pasan por internas, reemplazos y armado de poder rumbo a 2027, hay una realidad que sigue creciendo lejos de las fotos y los discursos oficiales: la expansión de los barrios populares en General Pueyrredon.
Los datos del Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP) vuelven a poner sobre la mesa una problemática estructural que atraviesa gobiernos de todos los colores políticos. En el distrito ya se contabilizan 71 asentamientos donde viven 13.449 familias, muchas de ellas sin acceso regular a servicios básicos, con tenencia precaria de la tierra y escasa presencia estatal.
El mapa de la informalidad urbana refleja además una ciudad partida. Los asentamientos se concentran principalmente en el oeste y sur marplatense, aunque el fenómeno se extiende prácticamente a todo el partido, incluso en zonas alejadas del casco urbano.
Entre los barrios con mayor cantidad de hogares aparecen Autódromo, con 1.320 viviendas registradas, La Herradura con 1.199, Las Heras con 968, Parque Independencia con 693 y Nuevo Golf con 561. Sectores donde el crecimiento poblacional avanzó mucho más rápido que la planificación urbana.
A nivel nacional, el RENABAP identifica 5.687 barrios populares. Detrás de la cifra se repite un patrón conocido: urbanización pendiente, infraestructura insuficiente y familias que siguen esperando respuestas estructurales.
Pero el relevamiento también deja un dato político incómodo. Según la década de conformación de los asentamientos en General Pueyrredon, el 73,24% surgió durante gobiernos democráticos.
Los años noventa encabezan el crecimiento con el 29,58% de los barrios registrados. Le siguen los años ochenta con el 23,94%, mientras que las décadas del 2000 y 2010 representan el 8,45% y el 11,27% respectivamente.
El dato expone una problemática que excede a una sola gestión y que se arrastra desde hace décadas. Porque mientras la dirigencia debate cargos, alianzas y posicionamientos electorales, miles de familias siguen viviendo en barrios que existen en la práctica, pero muchas veces no en la planificación urbana ni en las prioridades políticas.