9 de agosto de 2026
EL GRAN BONETE DE LA INSEGURID
La calesita de la impunidad: cuando la justicia tiene la mesa servida y el vecino paga la cuenta
Mientras la delincuencia no se toma vacaciones y los marplatenses hacen malabares entre las tasas municipales y el miedo de cada mañana, en la Fiscalía General de Fernández Garello, el Patronato y los despachos judiciales juegan al pisa-pisa institucional. El veredicto de la calle es unánime: la culpa siempre la tiene el de al lado.

En General Pueyrredón, la inseguridad ya no es un tema de agenda, es una disciplina olímpica donde los funcionarios compiten por ver quién esquiva el bulto con mayor elegancia. La teoría es hermosa y se recita con tono impostado en las conferencias: "hay que analizar la complejidad del fenómeno socioeconómico". Traducido al criollo: nadie sabe qué hacer, nadie quiere poner la cara y nadie paga costos.
La política se judicializó, la justicia se politizó y, en el medio, la "independencia de poderes" se convirtió en el eslogan preferido de la casta tribunalicia. Sirve para todo: para no dar explicaciones, para no mostrar estadísticas reales y, sobre todo, para blindar despachos mientras la caída libre del distrito es cada vez más violenta.
La Fiscalía de Fernández Garello y el mito del control
Si la impunidad tuviera una marquesina en la peatonal San Martín, las miradas irían directo a la Fiscalía General. Bajo la conducción inamovible de Fabián Fernández Garello, el organismo encargado de perseguir el delito funciona con una parsimonia envidiable.
El capítulo del Patronato de Liberados bordea el grotesco. La teoría promete un monitoreo estricto de quienes salen con beneficios, morigeraciones o pases libres. En la práctica, se muestra una oficina vaciada, sin personal, sin autos y casi sin papel para imprimir. Un colador impecable donde los reos firman cuando se acuerdan y los fiscales miran para otro lado. El sistema le regala vía libre al reincidente mientras la Fiscalía ensaya un silencio casi monacal.
Tribunales: Garantías de ida, sin vuelta
Los jueces locales no se quedan atrás en el podio. Con una doctrina garantista tan refinada como desconectada del asfalto, las resoluciones judiciales parecen redactadas para descongestionar calabozos a cualquier precio. La puerta giratoria no solo está aceitada: ya es automática. Para el vecino que espera el colectivo a las cinco de la mañana, no hay garantías; para el que comete el delito, sobra comprensión de texto y celeridad procesal.
La droga, el juego, las arcas llenas y el Gran Bonete
En el negocio de la droga y el narcomenudeo que desvela a los barrios es un papelón compartido de Nación, Provincia y Municipio. Eso sí, la recaudación no se detiene. La clase media y los comerciantes cumplen religiosamente con los aumentos de tasas, impuestos y contribuciones, engrosando las arcas de los tres estados a cambio de patrullajes fantasma y cámaras que siempre apuntan para el lado equivocado.
Cuando la sangre llega al río, se enciende la máquina del Gran Bonete ya que el Municipio acusa a Kicillof por los patrulleros, el gobierno de la Provincia culpa a la Rosada por los recursos, los jueces culpan a la Policía por los procedimientos y la fiscalía le echa la culpa al Código Procesal.