La Tecla Mar del Plata
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El Enduro de Invierno cambió de playa y, con el traslado, también cambió la disputa política alrededor del evento. Después de cuatro ediciones consecutivas en Mar del Plata, la competencia se instalará este sábado 29 y domingo 30 de agosto en Pinamar, en una decisión que desde el distrito vecino aprovecharon para enviarle un mensaje directo a General Pueyrredon.
La prueba volverá además al territorio donde nació, hace 34 años, la historia del Enduro del Verano. La organización anunció más de 500 pilotos, un circuito de aproximadamente 3,2 kilómetros y competencias de motos y cuatriciclos, además de Freestyle Motocross, un patio gastronómico y espacios para marcas. El escenario estará ubicado entre los balnearios El Pájaro y Rada Beach, con sectores de la Avenida del Mar y calles transversales afectados al desarrollo de la actividad.
Pero el traslado no quedó circunscripto a la agenda deportiva. En Pinamar, concejales del PRO y algunos representantes libertarios aprovecharon la llegada de la competencia para marcar diferencias con el modelo que se había aplicado en Mar del Plata y pegarle a la Municipalidad de General Pueyrredon por medio del EnturyC.
A través de una serie de placas difundidas en redes sociales, los ediles pusieron el foco en una cuestión que atravesó buena parte de la discusión alrededor del evento en General Pueyrredon: cuánto dinero público se destinó para sostenerlo.
Una de las imágenes plantea “lo que paga cada ciudad” y contrapone los $605 millones que, según la publicación, habría aportado el Ente Municipal de Turismo y Cultura de Mar del Plata durante la edición anterior con un contundente “cero” para Pinamar.
La secuencia avanza con otra definición: “acá no pone plata el Municipio”, seguida por la afirmación de que tampoco lo hace el privado. En otra de las placas se destaca que la empresa organizadora asumió mediante ordenanza la obligación de devolver el espacio utilizado a las condiciones originales.
El mensaje busca instalar una comparación directa entre ambas ciudades. Y aunque parte de una discusión sobre recursos, tiene una lectura eminentemente política: Pinamar acaba de quedarse con un acontecimiento que durante cuatro años funcionó como una de las principales vidrieras de la estrategia turística de General Pueyrredon.
En Mar del Plata, el Enduro había sido presentado como uno de los grandes eventos para generar movimiento durante la temporada baja. Según cifras difundidas oportunamente por el Municipio, la primera edición de 2022 habría reunido a más de 500 mil personas; en 2023 se contabilizaron 390 mil y en 2024 unos 315 mil espectadores.
Más allá de las discusiones sobre la magnitud de esas convocatorias, la competencia logró convertirse en una pieza importante de la promoción de la ciudad y en una apuesta para mostrar que Mar del Plata podía generar grandes concentraciones de público también fuera del verano.
La continuidad de la prueba en “La Feliz”, sin embargo, chocó con una discusión económica. Antes de conocerse definitivamente el cambio de sede, había trascendido que una nueva edición requería una inversión cercana a los $1.200 millones, con unos $700 millones que deberían salir de las arcas municipales. El costo terminó siendo uno de los principales argumentos detrás de la decisión de no avanzar con otra edición en General Pueyrredon.
Ahora, Pinamar intenta mostrar esa diferencia como una bandera propia. El contrapunto planteado por los concejales del PRO y libertarios no sólo apunta a cuestionar el esquema utilizado en Mar del Plata, sino que busca exhibir otra manera de vincular al Estado con los grandes eventos.
Y en la política de la Quinta Sección, el mensaje tampoco parece casual. La difusión conjunta de dirigentes del PRO y libertarios vuelve a poner sobre la mesa la cercanía entre ambos espacios en un territorio donde la disputa por el liderazgo opositor hacia 2027 ya comenzó a tomar forma.
Pero el capítulo ambiental agrega otra arista. Al igual que ocurrió durante las ediciones desarrolladas en Mar del Plata, en Pinamar también comenzaron a aparecer cuestionamientos vinculados al impacto de la competencia sobre el frente costero y ya existen denuncias relacionadas con el desarrollo del espectáculo.
De esta manera, el Enduro vuelve a poner en escena una discusión que excede largamente al deporte: cuánto aporta un evento masivo a una ciudad, quién debe financiarlo y cuál es el costo ambiental de llevar una competencia de estas características a las playas.
Esta vez, además, la carrera tiene un condimento extra. Pinamar no sólo le ganó a Mar del Plata una competencia: ahora aprovecha la llegada del Enduro para mostrarlo como una bandera de gestión y, de paso, “mojarle la oreja” a su vecino más grande.