La inseguridad acelera la crisis política y la vuelta de Montenegro empieza a ganar fuerza
En medio de una escalada delictiva que puso a Mar del Plata en la agenda nacional, Agustín Neme enfrenta su momento más complejo al frente del Municipio. Con la Provincia y la Justicia también bajo cuestionamiento, el posible regreso de Guillermo Montenegro reaviva las dudas sobre el futuro del intendente interino y expone la falta de respuestas de todos los sectores.
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El jueves 28 de agosto, desde las 10 de la mañana, el Concejo Deliberante llevará adelante la sexta sesión ordinaria pública del año. Sobre la mesa habrá 22 ordenanzas, 17 resoluciones, seis decretos y una comunicación. Entre los expedientes se destacan la afectación de un predio sobre la avenida Jorge Newbery al distrito de Equipamiento Específico (EE) para un paseo comercial y la modificación de la vida útil de los vehículos habilitados para los servicios de remise y de alta gama. También llegará al recinto una iniciativa de La Libertad Avanza para instar a la Provincia a adherir a una resolución nacional que permita detectar y bloquear IMEI, IMSI y líneas telefónicas utilizadas desde establecimientos penitenciarios bonaerenses. Pero, detrás del extenso temario legislativo, habrá un tema que atravesará la sesión aun cuando no figure formalmente en el orden del día: la crisis de inseguridad y el creciente costo político que comienza a generar.
Mar del Plata atraviesa semanas en las que el delito dejó de ser una estadística o una discusión partidaria para convertirse en una preocupación que desborda barrios, sectores sociales y fronteras políticas. Entraderas violentas, robos a plena luz del día y vecinos movilizados pusieron a la ciudad bajo la mirada nacional. En ese escenario, la gestión de Agustín Neme aparece cada vez más expuesta porque desde el Municipio se insiste con operativos y anuncios que privilegian la exhibición de luminarias y orden urbano, la violencia delictiva avanza sobre una agenda mucho más urgente.
El problema para el intendente interino es que tampoco puede cargar toda la responsabilidad sobre sus hombros. La seguridad depende centralmente de la Provincia y de una Policía Bonaerense que responde al gobierno de Axel Kicillof, mientras que el sistema judicial vuelve a quedar en el centro de las críticas por la reincidencia y la incapacidad para ofrecer respuestas que la sociedad considere acordes a la gravedad de los hechos. Provincia, Municipio y Justicia tienen responsabilidades diferentes, pero el resultado es una ciudad que percibe que nadie está a la altura para resolver el problema o emanar confianza.
En ese vacío de respuestas aparece, además, una variable que empieza a ganar cada vez más fuerza. El regreso de Guillermo Montenegro a la Intendencia. El hoy intendente en uso de licencia dejó el Palacio Municipal para asumir una nueva etapa política, pero la escalada de la inseguridad parece haber acelerado las especulaciones sobre una vuelta. Ya no se trata solamente de un rumor de pasillo, la continuidad de Neme quedó atada a una decisión que no depende exclusivamente de su gestión.
La situación deja al intendente interino en una posición particularmente frágil. Su breve paso por el principal despacho municipal lo encontró en una ciudad atravesada por una crisis que no controló desde su origen y que difícilmente pueda resolver. Sin embargo, tampoco alcanza con remarcar que la Policía depende de la Provincia o que la Justicia debe actuar con mayor firmeza. Para quien ocupa la Intendencia, la ausencia de respuestas visibles también tiene costo político. Cuanto más se profundice el reclamo de los vecinos, más difícil será sostener una conducción basada en la administración cotidiana mientras la principal preocupación de la ciudad sigue sin respuesta.
La eventual vuelta de Montenegro abre otro interrogante ¿Qué lugar quedaría para Neme? En el Concejo Deliberante existen dudas sobre un regreso a una banca y la alternativa que aparece con mayor fuerza es su continuidad dentro del Ejecutivo en alguna otra función.
El regreso de Montenegro a la ciudad podría otorgarle un papel mucho más protagónico en el armado del PRO en la provincia de Buenos Aires. Al frente del Municipio, el intendente en uso de licencia volvería a tener bajo su conducción uno de los principales distritos electorales del territorio bonaerense y la capacidad de aportar al armado provincial el caudal político y electoral que lo llevó a obtener una importante cantidad de votos cuando fue elegido senador provincial.
La diferencia con su actual situación en la Legislatura es notoria. Como senador provincial, Montenegro aparece hoy como un soldado raso dentro de una estructura en la que tiene escaso margen para incidir en las grandes decisiones. La Intendencia, en cambio, le devolvería territorio, estructura y volumen político propio. Por eso, su eventual regreso no solo se lee como una respuesta a la crisis que atraviesa la gestión de Neme, sino también como una jugada que podría fortalecer al PRO bonaerense, en un momento en que el partido necesita recuperar dirigentes con peso territorial de cara al reordenamiento político que se viene.
Lo único claro es que la crisis de seguridad está modificando el tablero y reduciendo los márgenes para que el oficialismo mantenga las mismas piezas en los mismos lugares.
El jueves habrá expedientes, votaciones y discursos. Se discutirá sobre transporte, ordenamiento territorial y hasta mecanismos para bloquear teléfonos dentro de las cárceles. Sin embargo, la política local difícilmente pueda esconderse detrás del temario.
Mientras La Libertad Avanza reclama herramientas para combatir delitos que se organizan desde las prisiones, el oficialismo municipal intenta administrar una crisis que amenaza con llevarse puesto al interinato, la Provincia continúa bajo cuestionamiento por la falta de prevención y la Justicia vuelve a ser señalada por la reincidencia.
La posible vuelta de Montenegro podría reconfigurar el escenario político provincial y abrir un nuevo capítulo en la disputa por el poder en Mar del Plata.