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Domingo, 1 marzo 2026
Argentina
1 de marzo de 2026
DAÑOS COLATERALES

Víctimas del “efecto FATE”: las pymes bonaerenses que caen en la volteada

El cierre de grandes plantas productivas en la provincia de Buenos Aires afecta a las pymes que basan en ellas gran parte de sus negocios. La crisis de empresas icónicas también hace temblar a sus proveedores. Cierres y despidos están a la orden del día.

Víctimas del “efecto FATE”: las pymes bonaerenses que caen en la volteadaVíctimas del “efecto FATE”: las pymes bonaerenses que caen en la volteadaVíctimas del “efecto FATE”: las pymes bonaerenses que caen en la volteadaVíctimas del “efecto FATE”: las pymes bonaerenses que caen en la volteadaVíctimas del “efecto FATE”: las pymes bonaerenses que caen en la volteada
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Cuando los grandes caen, los pequeños tiemblan. Y en un contexto en que hasta las empresas productivas más icónicas son víctimas de la debacle económica, no son sólo ellas las que fracasan: en su caída arrastran a otros emprendimientos más pequeños que están estrechamente ligados a sus negocios.

Casos como el de la Fábrica Argentina de Tejidos Engomados (FATE), una empresa líder en la producción de neumáticos, con varias décadas de historia, o el de la multinacional Whirlpool, productora de electrodomésticos, son ejemplos del efecto de arrastre que tiene el cierre de grandes plantas industriales sobre el entramado de pequeñas y medianas empresas (pymes) que dependen de ellas para sostener su negocio.


FATE cerró sorpresivamente este mes

Tanto en el caso de FATE como en el de Whirlpool, la caída no la sufrieron solamente los empleados de estas compañías, sino también los de las empresas más pequeñas que les proveían insumos o logística.

Hay otros ejemplos: en La Plata, hace pocos días, cerró su planta la pyme metalúrgica Socolor, fundada en 2003. Venía atravesando dificultades desde hacía al menos dos años, pero la sacudida del sector de línea blanca le asestó el golpe de gracia. Además de ser proveedora de fabricantes de electrodomésticos, Socolor le compraba materiales a Techint, que hace pocas semanas cerró una planta de una empresa tercerizada (Tecsesi) luego de perder una licitación para Vaca Muerta.


La caída de Whirlpool
Dos pymes arrastradas por el remolino

En diciembre del año pasado, la fábrica de electrodomésticos Whirlpool anunció el cierre de su planta en el parque industrial de Pilar. La noticia afectó profundamente al entramado económico local, ya que no sólo derivó en el despido de 220 trabajadores de la propia compañía, sino también en el cierre de la planta de Translog, una empresa que le proveía servicios logísticos, y que echó a 17 de sus 20 empleados.


Depósito de Translog, en Pilar

Translog no fue la única pyme afectada. Pocos días después del cierre de Whirlpool, Máximo Donzino, presidente de Novax, dijo al medio local El Diario de Pilar que la empresa tendría que “tomar una decisión en lo inmediato”. Ocurre que Novax produce piezas de lavarropas hechas en plástico, que le proveía principalmente a la gran fabricante de electrodomésticos, y perdió, por lo tanto, a su cliente más importante.

“Queremos que afecte a la menor cantidad de gente que se pueda y que sea en las mejores condiciones”, expresó Donzino en esa ocasión, pero “es claro que nos sobra mucha gente”.

Novax había realizado una gran inversión para ampliar su producción con la llegada de Whirlpool a Pilar, y la “decisión radical” (en palabras del titular de de la pyme) del gigante de los electrodomésticos de cerrar su planta representó un obvio problema para la pyme. A eso se sumó que otro cliente suyo, Volkswagen, dejara de fabricar un modelo de vehículo utilitario en la planta de General Pacheco y por consiguiente redujera también su demanda.

Contactado por La Tecla, Donzino prefirió no hacer comentarios para esta nota.


El número de la muerte
Un multiplicador de la crisis

El cierre de FATE, que dejó en la calle a unos 920 empleados directos de la firma, podría derivar en que un total aproximado de 2500 personas pierdan su trabajo.

El cálculo surge del multiplicador de empleo del sector de la fabricación de neumáticos. Es un índice técnico que indica cuántos puestos de trabajo genera la actividad, contando los directos y los indirectos. Para ese ámbito, se ubica entre 2,1 y 2,8, según informes del Centro de Estudios para la Producción XXI (CEP) y de la Unión Industrial Argentina (UIA). Es uno de los multiplicadores más altos del país.

Lo que es un dato positivo en tiempos de actividad (la fabricación de neumáticos multiplica los puestos de trabajo) se convierte en un dato deprimentemente negativo en la recesión (dejar de fabricar neumáticos multiplica el desempleo).


Tex Fabric

Al menos una empresa proveedora de FATE ya se cuenta entre los afectados. Se trata de Tex Fabric, una compañía que produce tejidos industriales, que despidió a cinco trabajadores de su planta de Luján y que podría recurrir a más despidos ante el achicamiento de su mercado.

Pero el colapso del líder del neumático hace temer que otras grandes empresas del sector, como Bridgestone y Pirelli, deban reducir sus plantillas ante la recesión imperante. Ocurre que FATE atribuyó la debacle a la apertura de la importación de neumáticos de China y Brasil. Y esta competencia también afecta, naturalmente, al resto de las empresas productoras en la Argentina.

Pirelli, de hecho, ya concretó una reducción de unos 150 puestos de trabajo en los últimos meses.


Reacción en cadena
Fallos que repercuten en todo el sistema

“Esto pasa con cada empresa importante que cierra”, dijo a La Tecla Guillermo Siro, presidente de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (CEPBA).

Siro, que representa principalmente a pymes de toda la provincia de Buenos Aires, tiene muy claro que el fenómeno que afecta a empresas pequeñas como Acerías Berisso o Socolor, que bajaron la persiana recientemente, tiene relación con la caída de los líderes del mercado.


Guillermo Siro

“Cuando una empresa cierra, afecta a la cadena de valor y el contexto. Es como cuando falla una cosecha y almacenes, ferreterías, panaderías, dentistas, médicos, etc. de la zona de influencia se ven afectados por la caída de la actividad”, apuntó Siro.

En la CEPBA tienen estudiado el tema en términos más específicos. “En las empresas que no integran la cadena de valor de las medianas y grandes que cerraron, la actividad está al 50%. Desde septiembre del año pasado están en procedimientos de crisis, con reducción de jornadas de trabajo y suspensiones o adelantos de vacaciones. Todos han perdido rentabilidad”, subrayó el representante empresario.


Impacto en la comunidad
“Nadie compra nada, nadie vende nada”

El cierre de empresas productivas no sólo produce efectos negativos en sus proveedoras, sino también en la comunidad en general, especialmente en los pueblos del interior bonaerense que dependen fuertemente de las fuentes de trabajo sostenidas por esas compañías.

Es el caso de Coronel Suárez, donde el cierre de la fábrica de zapatillas Dass, en enero del año pasado, produjo una hecatombe en la economía cotidiana y en el sistema de salud municipal además de llevarse puestos a pequeños talleres que realizaban tareas para la fábrica.

“Hay una recesión total. Nadie compra nada, nadie vende nada”, dijo a La Tecla el intendente suarense, Ricardo Moccero, quien venía advirtiendo sobre los efectos negativos que podría tener el cierre de Dass. “Han cerrado comercios y también varias empresas chicas, de 20 o 30 empleados, que les hacían el ensamblado de las zapatillas.”


Ricardo Moccero

Ocurre que Dass era el principal empleador del distrito, quitando a la propia Municipalidad. A lo largo de los últimos años se fue reduciendo su plantel, hasta que, en enero de 2025, se produjo el cierre total y quedaron en la calle los 500 empleados que trabajaban en la planta.

“Es una comunidad de 800 exempleados y sus familias. Fue algo muy crítico. En lo que más lo notamos desde el municipio es en que está sobrecargado nuestro hospital. A la gente se le terminó la obra social y tiene que ir a atenderse gratuitamente. Es un gasto adicional tremendo”, apuntó el jefe comunal.

Ante este panorama, el municipio avanzó en una solución parcial, facilitando la apertura de un taller textil que produce manteles y otros artículos de línea blanca para una empresa porteña.

En ese taller, que hoy por hoy es muy pequeño, trabajan actualmente 15 personas, entre ellas varios exempleados de la fábrica de zapatillas. En la última sesión del Concejo Deliberante, el oficialismo aprobó una ordenanza para formalizar su creación (que se había hecho por decreto ad referendum) y permitir su ampliación para que emplee a muchas más personas.

En la iniciativa unen esfuerzos la empresa textil, el municipio (que alquila el local) y el gobierno bonaerense: el Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología, encabezado por Augusto Costa, aportó 25 máquinas de coser para que se pueda iniciar la producción.

“Esto es incipiente. La idea es que el taller llegue a tener entre 80 y 90 trabajadores. Ya hay 150 inscriptos, muchos de ellos trabajadores despedidos de la fábrica de zapatillas”, explicó el intendente.

Entre los exempleados de Dass que están trabajando en el taller textil (cobrando por producción, no un sueldo fijo) está Griselda Dreser (Lola para los conocidos), quien, con 38 años, hizo toda su carrera en la fábrica: entró a los 20 y siguió trabajando allí, haciendo diversas tareas, hasta el cierre de la planta.


Griselda Dreser trabajó 18 años en Dass; ahora produce blanquería en un taller textil

“En su momento era muy grande. Llegó a tener unos 5000 empleados. Venía gente de los pueblos cercanos a trabajar en Dass todos los días”, contó Dreser a La Tecla. “Ahora somos más de 800 los operarios que nos quedamos sin nada. El año pasado empezamos a trabajar como una cooperativa. Hicimos un curso rápido de costura; arrancamos haciendo remeras, cosas pequeñas. Desde Textiles Pigüé nos ayudaron donándonos rollos de tela para que pudiéramos empezar.”

Lola, que vive sola con dos hijos a quienes debe mantener, cifra sus esperanzas en que el proyecto del taller prospere y crezca, porque sabe que su amplia experiencia en el mundo del calzado no le sirve de mucho en un contexto de recesión.

“Ya se me terminó el fondo de desempleo. Tengo dos hijos: un adolescente y un nene de ocho. Entre tanta desazón que teníamos apareció este proyecto. Ahora le estamos poniendo pilas”, dijo Dreser.

Federico Ortega, de 44 años de edad, era su compañero en Dass y ahora también lo es en el taller textil. Trabajó ocho años en la fábrica de zapatillas pero su experiencia en distintos talleres suma dos décadas. “Durante este año hice changas: nada formal, nada fijo. Ahora se me acaba el fondo de desempleo y se está haciendo bastante duro. Acá cobro por producción, trabajando de 6 a 14. Después sigo haciendo changas”, contó en diálogo con este portal.

Ortega sabe que es uno de los afortunados. “Acá fábricas grandes no hay; la única era Dass. Yo estaba en la parte de cementado y pegado. La mayoría de los que yo conocía en la empresa ahora están boyando por todos lados, viendo qué trabajos surgen”, explicó.
 

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