La Tecla Mar del Plata
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La apertura de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante tendrá este año un condimento extra que nada tiene que ver con el discurso institucional ni con la agenda legislativa. Será la primera con el intendente interino Agustín Neme al frente y, antes de que se enciendan los micrófonos, ya hay ruido en la previa.
En el recinto estarán los 24 concejales, el gabinete completo del interino y buena parte de la dirigencia que orbita alrededor del oficialismo. Pero habrá una ausencia que no pasará desapercibida: la de Santiago Bonifatti. Y no porque haya decidido faltar, sino porque directamente no habría sido invitado.
Según pudo reconstruir este medio, el actual subsecretario de Asuntos Estratégicos dejó en claro en privado su malestar por la decisión. Hubo reproches, tonos elevados y una pregunta que quedó flotando: cómo puede ser que, después de tantos años de rosca y protagonismo, no tenga una silla en la apertura. En los pasillos del Palacio deslizan que “es la primera vez en 15 años” que queda afuera de una ceremonia de este tipo. Una frase que, más que dato histórico, suena a currículum vitae.
La explicación formal es simple y hasta protocolar: no es concejal, no preside ningún ente descentralizado ni ocupa una secretaría. El acto es institucional y los lugares son para quienes hoy tienen responsabilidad ejecutiva o legislativa. El problema, claro, es que en política no todo es formalidad; también cuenta la foto.
En la intimidad, cuentan que pidió asistir “aunque sea como community manager de alguno”. La ironía, si existió, no alcanzó para torcer la decisión. La apertura tendrá transmisión, cámaras y encuadres. Y Bonifatti, acostumbrado a no perderse esos planos, deberá seguirla desde afuera.
El contraste temporal agrega un toque de nostalgia involuntaria. Algunos recuerdan que la última vez que Bonifatti no participa de una apertura fue cuando Daniel Scioli era gobernador y tenía chances de ser presidente y el dólar rondaba los $5,80.
La apertura de sesiones debería ser una vidriera para mostrar gestión y marcar rumbo. Sin embargo, el foco previo quedó puesto en una silla vacía que nunca estuvo asignada. A veces, el problema no es que no haya lugar en el recinto. Es que el poder, como las invitaciones, tiene fecha de vencimiento