La Tecla Mar del Plata
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Tras la muerte del Indio Solari, miles de fanáticos volvieron a posar la mirada sobre la historia íntima del músico y, especialmente, sobre Virginia Mones Ruiz, la mujer que lo acompañó durante gran parte de su vida y se convirtió en uno de sus pilares fundamentales. Discreta, alejada de la exposición mediática y protectora de la intimidad familiar, fue una presencia constante en los momentos más importantes de la carrera del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
El Indio y Virginia se conocieron en el verano de 1981 y nunca más se separaron. Años después, el propio entorno de la pareja recordó que la relación nació en plena etapa de crecimiento artístico del músico, mucho antes de que Los Redondos se transformaran en un fenómeno masivo del rock argentino. Se casaron en 1988 y en el año 2000 tuvieron a Bruno, su único hijo.
Virginia, conocida entre familiares y amigos como “Virulana”, mantuvo siempre un perfil bajo, aunque en los últimos años comenzó a mostrarse un poco más activa en redes sociales, donde compartía fotos familiares, recuerdos de recitales históricos y mensajes dedicados al cantante. Desde allí también defendió públicamente al músico en distintos momentos polémicos y acompañó el delicado estado de salud que atravesaba desde que el Indio confirmó su diagnóstico de Parkinson.
La pareja vivía en una casa rodeada de naturaleza en Parque Leloir, un refugio elegido para mantenerse alejados de la exposición pública. Allí el músico tenía además su estudio de grabación, donde trabajó en buena parte de su etapa solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Bruno, el único hijo del matrimonio, nació a finales del año 2000 y siempre mantuvo un perfil extremadamente reservado, siguiendo la línea de privacidad que caracterizó a toda la familia Solari. Aunque pocas veces apareció públicamente, el músico compartió algunas imágenes familiares en redes sociales y habló en contadas ocasiones sobre el fuerte vínculo que mantenía con él.
En medio del dolor por la muerte del Indio, la figura de Virginia volvió a cobrar relevancia entre los fanáticos ricoteros, que destacan el rol silencioso pero clave que tuvo en la vida del artista más enigmático y convocante de la historia del rock argentino.