6 de febrero de 2026
RECLAMOS
IOMA y la "política de la desidia": cuando el calendario avanza pero la salud no llega
Tras el impacto de la protesta de los “Reyes Vagos”, los afiliados oncológicos alzaron la voz en el marco del Día Mundial contra el Cáncer para denunciar un sistema de “peregrinaje cruel”. Los damnificados apuntan contra la gestión de Axel Kicillof y la cúpula camporista de la obra social, acusándolos de priorizar la burocracia militante y el ahorro de costos por sobre la supervivencia de los pacientes.

El paso del tiempo suele ser un aliado en la política para diluir conflictos, pero para los afiliados al Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA), cada hoja que cae del almanaque es una batalla perdida contra la biología y la burocracia. Si el pasado 6 de enero la sede de Mar del Plata amanecía empapelada con reclamos irónicos hacia los “Reyes Vagos” —en referencia al gobernador Axel Kicillof, el ministro Nicolás Kreplak y el titular del instituto, Homero Giles—, este reciente 4 de febrero, Día Mundial contra el Cáncer, la narrativa del conflicto mutó de la sátira a la denuncia descarnada. A través de un comunicado que circula con la fuerza de la desesperación, los pacientes oncológicos han dejado claro que, mientras la política provincial se enreda en discusiones de caja y posicionamientos ideológicos, el sistema sanitario que debería protegerlos se ha convertido en un calvario administrativo donde la "corrupción se impone sobre la vida".
La situación ha trascendido la falta de turnos o el retraso en reintegros para instalarse en un terreno mucho más peligroso: la sustitución de la indicación médica por la decisión administrativa. Bajo el lema “IOMA no cumple y el cáncer no espera”, los damnificados denuncian que el denominado plan Meppes funciona hoy como un embudo que obliga a los pacientes a aceptar alternativas terapéuticas basadas en convenios con laboratorios específicos, dejando de lado la eficacia clínica y la bioequivalencia de las drogas originales.
Según el texto difundido por los propios afiliados, se ha consolidado una práctica de dispensa de medicamentos sin controles adecuados de calidad, seguridad y eficacia, una herencia de las flexibilizaciones de patentes iniciadas durante la pandemia bajo las gestiones de Ginés González García y Daniel Gollan, que hoy parece ser la regla de oro para una obra social que prioriza el equilibrio de sus cuentas —o el financiamiento de sus estructuras— por sobre el rigor científico.
Este escenario no es una crisis aislada, sino la profundización de un modelo de gestión que los afiliados de Mar del Plata ya venían señalando desde hace tiempo. La ausencia de la directora regional Celeste Lazo y el desvío de fondos hacia actividades culturales e ideológicas en plena emergencia sanitaria fueron el combustible de una protesta que obligó al gobernador a recalcular sus apariciones públicas en la ciudad.
Ahora, el reclamo se vuelve más sombrío: no se trata solo de prótesis de rodilla que no llegan o de "cajas políticas" capturadas por sectores de La Cámpora; se trata de tratamientos interrumpidos y recaídas evitables. La red de solidaridad que se ha gestado entre las familias, donde los medicamentos de quienes fallecieron terminan salvando a quienes aún luchan, es el testimonio más fiel del abandono estatal. Es la sociedad civil cubriendo con dolor y empatía el bache inmenso que deja una administración que, según denuncian, ha secuestrado la salud de los bonaerenses para convertirla en un botín de facción.
La persistencia de estos reclamos, que no se detienen ni ante las fechas festivas ni ante las efemérides internacionales, demuestra que el hartazgo ha perforado la capa de la paciencia ciudadana. La ciencia ha avanzado y los tratamientos existen, pero en el universo del IOMA, la distancia entre el diagnóstico y la medicación se mide en expedientes que no avanzan y en silencios oficiales.
Mientras la cúpula política de la provincia continúa su "peregrinar" por actos y operativos de visibilización partidaria, los afiliados oncológicos exigen que la humanidad regrese a las oficinas públicas. Porque, como bien señala su último comunicado, la vida no espera los tiempos de la burocracia, y mucho menos los de una política que parece haber olvidado que detrás de cada número de afiliado hay un ciudadano peleando por su dignidad y su futuro.