11 de marzo de 2026
PREOCUPACIÓN
El ocaso de una temporada en rojo: Mar del Plata cierra su peor verano desde la pandemia
Los datos finales del EMTURyC confirmaron los temores que se asomaban a mediados de enero. Con una caída consolidada del 3,7% en el arribo de turistas y una ocupación promedio que apenas superó el 50%, la ciudad enfrenta el desafío de reconfigurar su matriz de promoción ante la pérdida de competitividad frente al exterior y un consumo interno que no logra repuntar bajo la gestión de la nueva conducción del ente turístico.

Lo que en enero se perfilaba como una señal de alerta, hoy es una realidad estadística inapelable. El balance final de la temporada 2025-2026 en Mar del Plata arroja números que obligan a un análisis profundo de la situación económica y política del principal destino turístico bonaerense. Según los datos oficiales procesados por el Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC), el período comprendido entre el 1 de diciembre y el 28 de febrero concluyó con un total de 3.141.427 arribos, una cifra que se ubica significativamente por debajo de los más de 3,2 millones registrados en el ciclo anterior. Este retroceso del 3,7% interanual sitúa a la actual temporada como la de menor rendimiento desde aquel verano de 2021, cuando la actividad todavía intentaba emerger de las restricciones de la pandemia.
El análisis pormenorizado del trimestre revela que el impacto no fue uniforme, pero sí persistente. Diciembre inició con un retroceso moderado del 2,1%, pero fue enero el mes que asestó el golpe más duro a las expectativas del sector. Durante el primer mes del año, el corazón de la temporada, la llegada de visitantes se desplomó un 7,1%, confirmando la tendencia de "enfriamiento" que se advertía a mediados de mes. En aquel entonces, la caída del 4,6% en la primera quincena ya sugería que Mar del Plata estaba perdiendo la pulseada contra destinos internacionales, particularmente Brasil, favorecido por un tipo de cambio que volvió a tentar a los sectores medios argentinos. Febrero, por su parte, logró mitigar la caída general con un descenso de apenas el 0,7%, un alivio que encuentra su explicación exclusivamente en el calendario de feriados por Carnaval, que funcionó como un respirador artificial para una temporada que languidecía.
Más allá del volumen de gente, la fisonomía del consumo y el alojamiento también exhibe los rasgos de una crisis de bolsillo. La ocupación hotelera, con un promedio global del 50,7%, se convierte en un dato que preocupa al sector empresarial, especialmente cuando se observa que la modalidad predominante fue el uso de vivienda propia o alquilada, sumando entre ambas casi el 75% de las pernoctaciones. Este fenómeno, sumado a que más del 81% de los visitantes optó por desplazarse en vehículo particular, dibuja el perfil de un turista que busca recortar costos fijos, acorta sus estadías y restringe el gasto en servicios, afectando de manera directa la rentabilidad de la hotelería y la gastronomía local.
En el plano político, estos resultados marcan el bautismo de fuego para la gestión de Juárez al frente del EMTURyC. La transición en la conducción del ente se produjo en el momento más inoportuno, enfrentando un escenario de retracción del poder adquisitivo y una competencia externa feroz. Los números finales no solo son una fotografía del verano, sino un mandato de revisión para las estrategias de promoción de cara al resto del año. Con una caída que se profundizó en los momentos de mayor afluencia histórica, la ciudad queda ante la necesidad de redefinir su atractivo para no quedar estancada como un destino de subsistencia, condicionado por los vaivenes de un dólar que hoy parece jugar en contra de la costa atlántica.