8 de mayo de 2026
RUGE EL ATLÁNTICO
Mar del Plata entra en la fase más crítica de la ciclogénesis con olas gigantes y vientos de 100 km/h
Tras el diluvio del miércoles y las lluvias persistentes del jueves, el fenómeno meteorológico se desplaza en el mar y cobra una fuerza inusitada. Mientras la ciudad aguarda un sábado bajo alerta naranja, la flota pesquera libra una batalla épica para alcanzar el puerto en medio de un oleaje que supera los ocho metros y ráfagas huracanadas en alta mar.

Mar del Plata atraviesa las horas de mayor tensión. Lo que comenzó como un frente de tormenta que anegó barrios enteros a mitad de semana está mutando de manera profunda, un sistema de baja presión que ahora concentra su furia en la costa y, sobre todo, en el frente marítimo. Si bien en las calles de la ciudad se percibe por momentos una calma expectante, las autoridades advierten que se trata apenas del preludio de un agravamiento drástico en las condiciones climáticas. El foco de preocupación ha virado del cielo al horizonte, donde el océano muestra una cara amenazante que ha puesto en jaque a toda la actividad portuaria.
La situación en alta mar es dramática y la mirada de la comunidad portuaria está fija en el regreso de las embarcaciones. La fuerza del ciclón, que alcanzó presiones centrales de 985 hPa y se prevé que descienda hasta niveles críticos de 963 hPa, ha generado un oleaje peligroso que azota sin piedad a los buques que intentan regresar a la seguridad de la terminal marplatense. En las últimas horas, se han multiplicado las imágenes capturadas desde las cubiertas de barcos fresqueros y tangoneros que muestran la magnitud del fenómeno: naves que parecen pequeñas ante paredes de agua de hasta ocho metros, avanzando con una lentitud agónica mientras son golpeadas por la lluvia y el viento. Esta ferocidad del Atlántico Sur obligó a un repliegue masivo de la flota; mientras algunos buques lograron fondear en el Golfo Nuevo para guarecerse, el Gobierno argentino debió autorizar el ingreso de más de 140 barcos extranjeros a la Zona Económica Exclusiva por razones humanitarias, ante la imposibilidad de resistir el temporal en la milla 201.
En tierra firme, la vulnerabilidad es alta y la advertencia oficial es clara: "lo que viene puede ser adverso". La saturación de los suelos tras las abundantes precipitaciones previas deja a la ciudad en una posición frágil ante la llegada de los vientos más potentes. El Servicio Meteorológico Nacional ha elevado a naranja el nivel de alerta para este sábado, previendo ráfagas que podrían alcanzar los 90 kilómetros por hora. Desde la Municipalidad, el secretario de Seguridad, Rodrigo Goncalvez, insistió en la necesidad de reducir al máximo la circulación, señalando que la combinación de suelo blando y viento intenso maximiza el riesgo de caída de árboles y estructuras. Esta situación de peligro inminente fue la que motivó la suspensión de clases informada previamente, una medida que hoy cobra mayor sentido ante la inestabilidad del escenario urbano.
El fenómeno no es menor en términos técnicos: el ciclón posee un diámetro que abarca más de 30 grados de longitud, generando un gradiente horizontal de presión que se sentirá con mayor intensidad durante la madrugada y la mañana y mediodía del sábado. A las ráfagas que en alta mar podrían tocar los 140 kilómetros por hora, se le suma una marejada ciclónica que elevará el nivel del mar en la costa bonaerense, con olas que fluctuarán entre los tres y siete metros dependiendo de la geografía costera. Con temperaturas que difícilmente superen los 12 grados y una sensación térmica invernal, Mar del Plata se prepara para un fin de semana de encierro preventivo y monitoreo constante del puerto, a la espera de que el domingo el sistema comience finalmente su desplazamiento hacia el este, permitiendo que el mar y la ciudad recuperen la calma perdida.