Los números que dio a conocer UTHGRA encendieron una alarma difícil de ignorar. Según el gremio, en los últimos 60 días cerraron alrededor de 40 establecimientos gastronómicos y hoteleros en Mar del Plata, dejando a más de 400 trabajadores sin empleo. La cifra refleja el impacto de una economía golpeada por la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y una actividad turística que no logra recuperar el dinamismo de otros años.
El reclamo de los trabajadores es legítimo. Detrás de cada local que baja la persiana hay familias que pierden ingresos y una ciudad que ve deteriorarse uno de sus principales motores económicos. Sin embargo, detrás de la crisis también aparece una discusión menos visible: cuánto de lo que ocurre responde únicamente a la coyuntura económica y cuánto tiene que ver con cambios profundos en los hábitos de consumo que llegaron para quedarse.
La gastronomía y la hotelería ya no funcionan bajo las mismas reglas que hace veinte años. Las aplicaciones de delivery, las compras digitales, las nuevas formas de ocio y un consumidor cada vez más selectivo modificaron por completo el escenario. Muchos locales lograron adaptarse a esas transformaciones y otros quedaron atrapados en modelos de negocio pensados para una realidad que ya no existe.
Lo mismo parece ocurrir con parte de la representación gremial. Mientras los trabajadores enfrentan desafíos propios del siglo XXI, buena parte del sindicalismo continúa apelando a diagnósticos, estrategias y formas de acción que remiten al siglo XX. La defensa de los puestos de trabajo sigue siendo una bandera imprescindible, pero cada vez resulta más evidente que las herramientas tradicionales muestran limitaciones para responder a mercados laborales atravesados por la tecnología, la digitalización y nuevas modalidades de empleo.
La crisis existe y golpea con fuerza. Pero los cierres que hoy preocupan a la gastronomía marplatense también exponen una dificultad más amplia: la incapacidad de numerosos actores, tanto empresariales como sindicales, para adaptarse a un cambio de época. Mientras la discusión sigue enfocada exclusivamente en las consecuencias, la transformación del consumo continúa avanzando y redefiniendo las reglas del juego.