20 de agosto de 2026
QUIEN CONTROLA
Patronato de Liberados: los $27 mil millones que nadie vio venir
La causa que investiga el uso de personas vulnerables en una millonaria maniobra financiera también expone otra trama: la de los controles que fallaron y las responsabilidades que, tras el escándalo, parecen diluirse entre organismos, oficinas y funcionarios.

Por Juana Crespo
¿Usted sabía? —No, señor
Hay una pregunta que en la Argentina suele llegar siempre tarde.
Después del escándalo. Después de los allanamientos. Después de las detenciones. Después de que aparecen millones —o, en este caso, miles de millones— dando vueltas por lugares donde aparentemente nadie miraba.
La pregunta es sencilla:
—¿Usted sabía?
—No, señor.
¿Y usted?
—Tampoco.
¿Y quién debía controlar?
Ah, eso habría que preguntárselo a otro.
La Justicia investiga una presunta organización que habría movido alrededor de 27.000 millones de pesos mediante billeteras virtuales utilizando, entre otros mecanismos, datos personales y biométricos de personas en situación de vulnerabilidad.
En el centro de la causa aparece Albertina Mangini, hoy detenida e imputada, a quien la fiscalía atribuye un papel en la captación de esas personas.
Hasta aquí, una investigación judicial gravísima que deberá determinar responsabilidades.
Pero después comienza otra historia.
La historia del “yo no fui” institucional.
Porque cuando aparece la pregunta incómoda —¿cómo pudo ocurrir?, ¿quién controlaba?, ¿quién tenía acceso a esas personas?, ¿quién debía advertir algo?— empiezan las precisiones burocráticas.
Que pertenecía a un organismo.
Que en realidad dependía de otro.
Que trabajaba allí, pero administrativamente era de allá.
Que estaba vinculada, pero no tanto.
Que tenía acceso, aunque aparentemente nadie sabía para qué.
Maravilloso.
Tenemos Estado para confeccionar organigramas, pero cuando llega la hora de encontrar un responsable, el organigrama se transforma en un laberinto.
—¿Era del Patronato?
—No exactamente.
—¿Trabajaba vinculada al Patronato?
—Bueno, sí, pero…
—¿Tenía contacto con personas que estaban bajo supervisión estatal?
—Eso lo determinará la Justicia.
—¿Y alguien controlaba?
Silencio.
Ese es el punto que debería preocuparnos mucho más que la discusión sobre en qué casillero administrativo figuraba un nombre.
Porque el Patronato de Liberados existe, entre otras cosas, para acompañar, asistir y controlar a personas que se encuentran en una situación particularmente vulnerable.
Si la hipótesis de la fiscalía se confirma, algunas de esas mismas personas habrían terminado convertidas en herramientas de una monumental operatoria financiera.
Entonces la pregunta ya no puede ser solamente qué hizo una funcionaria.
La pregunta es qué hicieron los controles.
¿Nadie observó nada?
¿Nadie preguntó?
¿Nadie detectó que personas vulnerables estaban siendo abordadas para entregar documentación, fotografías y datos biométricos?
¿Ningún superior?
¿Ninguna auditoría?
¿Ningún mecanismo de protección?
Tal vez la respuesta vuelva a ser:
—No sabíamos.
Qué frase extraordinaria.
En la administración pública argentina, a veces parece que cuanto más alto es el cargo, menos cosas se saben.
Nadie sabe.
Nadie vio.
Nadie escuchó.
Y, fundamentalmente, nadie es responsable de nada.
Después vendrán los comunicados explicando cuidadosamente de qué organismo dependía cada escritorio.
Está muy bien.
Que se determine.
Pero mientras los funcionarios discuten quién debía hacerse cargo de la empleada, alguien debería hacerse cargo de una pregunta bastante más importante:
¿Quién debía cuidar a las personas que el Estado tenía la obligación de proteger?
Porque para cobrar impuestos, registrar expedientes, exigir trámites y controlar al ciudadano, el Estado siempre sabe perfectamente quién es competente.
Curiosamente, cuando hay que explicar un escándalo, la competencia se vuelve un misterio jurídico-administrativo.
—¿Usted sabía?
—No, señor.
—¿Usted controlaba?
—No me correspondía.
—¿Y a quién le correspondía?
—Estamos averiguando.
Quizás algún día encontremos al funcionario público más buscado de la Argentina:
el que sí era responsable.