La Tecla Mar del Plata
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Los sectores vinculados al turismo de Mar del Plata ya miran el calendario y tienen una fecha marcada: el fin de semana largo del 12 de octubre. Con la temporada 2026/27 cada vez más cerca, el movimiento que registre la ciudad durante esos días será seguido como un primer termómetro para intentar anticipar qué puede ocurrir durante el verano.
La expectativa convive, sin embargo, con cierta preocupación. El escenario que dejó la última temporada y la evolución de los meses posteriores encendieron algunas señales de alerta en una actividad que depende no solamente de la llegada de visitantes, sino también de su capacidad de consumo una vez instalados en la ciudad.
Durante la temporada 2025/26 arribaron a Mar del Plata 3.141.472 turistas, unos 122.255 menos que el verano anterior, lo que representó una caída del 3,7%. La ocupación global promedio, además, se ubicó en 50,7%.
El invierno tampoco logró revertir completamente esa tendencia. Entre el 17 de julio y el 1° de agosto de 2026 llegaron 303.876 visitantes, un 11,8% menos que durante el mismo período de 2025.
Por eso, en el sector turístico sostienen que el desafío para el próximo verano no pasa exclusivamente por recuperar cantidad de visitantes. Hay otra variable que comienza a ocupar un lugar central en el análisis: cuánto dinero está dispuesto a gastar el turista y cuánto puede gastar.
El bolsillo, en el centro del escenario
La pérdida de poder adquisitivo de los hogares argentinos modificó los hábitos de consumo y la actividad turística no quedó al margen. Para muchas familias, viajar implica hoy una planificación mucho más ajustada: menos días de estadía, búsqueda de alternativas de alojamiento más económicas, reducción de salidas gastronómicas y menor margen para excursiones o actividades recreativas.
A ese escenario se suma el incremento de los costos que debe afrontar el propio turista. Transporte, alojamiento y gastronomía forman parte de una ecuación que puede terminar condicionando la elección del destino o, directamente, reducir la cantidad de días de permanencia.
Así, el dato que miran los empresarios no será únicamente cuántas personas ingresan a Mar del Plata durante el feriado. También será relevante qué nivel de ocupación alcanzan los establecimientos, cuánto tiempo permanecen los visitantes y cuál es el movimiento en restaurantes, comercios y propuestas recreativas.
En otras palabras, el turismo puede tener visitantes sin necesariamente recuperar el volumen de consumo que necesita la economía local.
Y allí aparece una de las principales incógnitas de cara al verano: si el turista mantiene la decisión de viajar, pero llega con un presupuesto más acotado, la temporada puede mostrar buenos niveles de movimiento y, al mismo tiempo, dejar una rentabilidad más exigua para buena parte de la cadena turística.
Una preocupación que va más allá del bolsillo
A las dificultades económicas se incorporó durante 2026 otro factor que los sectores vinculados a la actividad observan con atención: la inseguridad y su impacto sobre la imagen de Mar del Plata.
Los hechos violentos ocurridos durante el año y su repercusión en medios nacionales generaron preocupación entre quienes dependen de la llegada de visitantes. La cuestión no se limita al delito puntual, sino al efecto acumulativo que pueden tener las noticias negativas sobre la percepción de una ciudad turística.
Para una familia que analiza dónde pasar sus vacaciones, el precio del alojamiento o del combustible puede ser determinante, pero no necesariamente el único elemento. La percepción sobre la seguridad del destino también puede formar parte de la decisión.
En ese sentido, la actividad turística observa con preocupación que una sucesión de noticias policiales sobre Mar del Plata termine funcionando como una mala publicidad involuntaria frente a potenciales visitantes de otras ciudades.
La temporada, entonces, empieza a jugarse también en ese terreno: no solo en las reservas y en las tarifas, sino en la imagen que la ciudad proyecta hacia afuera.
El 12 de octubre, bajo la lupa
Con ese escenario, el próximo fin de semana largo adquiere una importancia particular. No definirá por sí solo cómo será la temporada 2026/27, pero permitirá obtener una primera fotografía del comportamiento de la demanda a pocas semanas del verano.
Hotelería, gastronomía, comercio y el resto de las actividades vinculadas al turismo estarán atentos a varias señales: cantidad de visitantes, ocupación, duración de las estadías y nivel de consumo.
El feriado también permitirá observar si el público mantiene su decisión de viajar pese al deterioro del poder adquisitivo o si la situación económica comienza a traducirse en una menor demanda.
La expectativa, por eso, no está puesta únicamente en ver una ciudad llena. El verdadero interrogante pasa por saber cómo llega el turista, cuánto tiempo se queda y cuánto está dispuesto a gastar.
Mar del Plata llega al tramo final del año con una actividad turística que necesita recuperar dinamismo, pero que enfrenta un escenario diferente al de otros años. Menos visitantes, menor capacidad de consumo, costos elevados y una preocupación creciente por la imagen de seguridad conforman un cóctel que el sector sigue con atención.
El fin de semana largo del 12 de octubre será apenas una escala antes del verano, pero puede ofrecer una señal concreta. Si la ciudad logra mostrar movimiento y consumo, habrá motivos para mirar la temporada con mayor expectativa. Si los números vuelven a quedar por debajo de lo esperado, la luz amarilla podría transformarse en una advertencia más difícil de ignorar.