La Tecla Mar del Plata
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Las declaraciones de Carli Bianco a La Capital sobre la reasunción de Guillermo Montenegro provocaron una honda indignación en las filas del pultismo. La confirmación del ministro de Gobierno bonaerense sobre el reinicio del diálogo y el trabajo conjunto en seguridad cayó como una traición política en la tropa propia, desatando un virulento cortocircuito entre el espacio local y el despacho provincial.
Todo saltó por los aires cuando la mano derecha de Axel Kicillof festejó el gesto del intendente al llamar al Gobernador y afirmó sin ponerse colorado que Montenegro "arrancó con el pie derecho". Para colmo de males, Bianco celebró que Mar del Plata deje de ser "una suerte de excepción a la regla" para pasar a coordinar políticas codo a codo, regalarle así una diplomática alfombra roja al rival del vecinalismo kicillofista.
Semejante guiño dinamitó los ánimos del pultismo. En los pasillos del Concejo Deliberante la reacción fue inmediata y voraz: al exintendente y actual concejal de AM-MDF, Gustavo Pulti, se lo habría escuchado masticar rabia e imprecaciones de todos los colores, soltando blasfemias e improperios contra Bianco por semejante "visto bueno" al jefe comunal.
Para el pultismo, la sobreactuación pragmática del ministro de Gobierno no solo resulta un trago amargo, sino una abierta mojada de oreja que los deja descolocados en la rosca local. Mientras en La Plata festejan la sintonía institucional con el municipio, en las filas de Pulti arde la indignación ante un “romance provincial” que consideran inaceptable.