Radiografía del interinato: cruces, internas y una seguridad que terminó marcando el pulso de la gestión
Reacomodamientos de gabinete, disputas con dirigentes, diferencias por la Zona Fría, el conflicto por Punta Mogotes y una creciente tensión con el gobierno de Axel Kicillof atravesaron el paso de Agustín Neme por la Intendencia. El último capítulo, con Carlos Bianco, expuso como nunca antes la dificultad para articular entre Municipio y Provincia mientras la inseguridad se convirtió en uno de los principales reclamos de los marplatenses.
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Agustín Neme llegó al Ejecutivo municipal con una premisa que repitió en distintas oportunidades, el vínculo con los vecinos y la cercanía serían parte central de su forma de gobernar. Diez meses después, su interinato quedó atravesado por una sucesión de episodios políticos que fueron mucho más allá de la gestión cotidiana. Reacomodamientos internos, diferencias dentro del propio oficialismo, cruces con dirigentes de otros espacios y, en el tramo final, una pelea abierta con el gobierno bonaerense por la seguridad y la articulación institucional marcaron un período que comenzó como una continuidad de la gestión de Guillermo Montenegro y terminó con Neme obligado a defender públicamente su propia conducción. Al mismo tiempo, el interino buscó instalar una agenda propia con iniciativas como el bacheo express, el objetivo de alcanzar una ciudad 100% LED, los operativos contra los microbasurales y el despliegue de la Patrulla Municipal.
Uno de los primeros movimientos que expuso la lógica interna del interinato fue el regreso de Santiago Bonifatti al gabinete. Luego de dejar la presidencia del EMSUR, donde había sido reemplazado por Daniel Martínez, Neme invento en enero la Subsecretaría de Asuntos Estratégicos y designó allí al dirigente. La nueva estructura quedó bajo la órbita directa de la Intendencia y tuvo entre sus objetivos asistir al jefe comunal en cuestiones estratégicas y en la búsqueda de financiamiento nacional e internacional. Pero detrás de la explicación formal apareció una lectura política bastante más fuerte, a Bonifatti le inventaron un conchabo dentro del Municipio para que no tuviera que abandonar la teta del Estado. El dirigente, después de dejar el EMSUR, volvió a encontrar un lugar dentro de la estructura municipal justo cuando podía haber quedado afuera del armado. El movimiento fue leído como un reacomodamiento dentro del Ejecutivo y se convirtió en uno de los primeros ejemplos de cómo el interinato debió administrar también las tensiones y los equilibrios propios de un oficialismo.
Mientras tanto, la seguridad comenzó a ocupar cada vez más espacio en la agenda municipal. En enero, Neme modificó la estructura del área y creó la Subsecretaría de Coordinación con Fuerzas de Seguridad, en un contexto de crecientes reclamos por la inseguridad. La estrategia municipal se apoyó en la Patrulla Municipal, el monitoreo, equipamiento y la compra de móviles destinados a la Policía bonaerense. En agosto, por ejemplo, el Municipio presentó doce nuevos patrulleros adquiridos con fondos del Fondo de Fortalecimiento de la Seguridad, que se sumaron a otros once entregados previamente. Sin embargo, la discusión dejó de ser solamente sobre cuánto invertía el Municipio y pasó a concentrarse en una pregunta mucho más incómoda ¿Quién debía hacerse cargo de dar una respuesta integral frente al delito?
En paralelo, Neme comenzó a ocupar con mayor intensidad el terreno de las redes sociales. La exposición pública de Daniel Martínez, primero desde la Patrulla Municipal y luego como una de las caras visibles del EMSUR, sumó otro elemento a la disputa por quién representaba la gestión en la calle. El municipio multiplicó publicaciones vinculadas con operativos, limpieza, seguridad y recuperación del espacio público. La política de mostrar la gestión terminó convirtiéndose en una característica del interinato, al mismo tiempo que los problemas que buscaban exhibirse como resueltos reaparecían en distintos o los mismos puntos de la ciudad.
El capítulo de la Zona Fría también expuso una diferencia política relevante. Después del acto del 25 de Mayo, Neme respaldó el reemplazo del esquema territorial por un sistema de segmentación de subsidios. La posición generó críticas desde distintos sectores de Mar del Plata y puso sobre la mesa una discusión dentro del propio espacio político, mientras el interino defendía una determinada mirada sobre la reforma impulsada por el Gobierno nacional, en el Concejo Deliberante aparecieron posiciones diferentes dentro del bloque del PRo respecto del impacto que tendría la medida sobre los hogares marplatenses. Meses después, el Senado convirtió en ley la modificación y Mar del Plata quedó fuera del régimen territorial de Zona Fría, reavivando los cuestionamientos políticos hacia Neme.
La relación con Provincia también tuvo distintos capítulos. En mayo, el conflicto por Punta Mogotes volvió a enfrentar al oficialismo local con la administración de Axel Kicillof. Neme se sumó al reclamo por el traspaso del complejo y acompañó la posición municipal frente al esquema planteado por la Provincia. El episodio fue otro ejemplo de una relación que, lejos de encontrar un canal estable de coordinación, comenzó a acumular diferencias sobre obras, administración de espacios y competencias entre ambas jurisdicciones.
Pero el punto de mayor tensión llegó en septiembre, cuando Carlos Bianco cuestionó públicamente al gobierno municipal por su ausencia en la Unidad de Coordinación Bahía Bristol y sostuvo que General Pueyrredon estaba “virtualmente acéfalo”. El ministro bonaerense afirmó que el Municipio no había sido incorporado al nuevo esquema porque no había posibilidad de comunicación y sostuvo que Neme no respondía los mensajes. Según su relato, incluso existía una secuencia de contactos desde enero que no había permitido concretar una reunión.
Neme respondió con un video dirigido al gobernador Axel Kicillof y al propio Bianco. Lejos de bajar el tono, trasladó la discusión directamente al terreno de la seguridad: “Antes de mandar a su Jefe de Gabinete a preguntarnos cuál es nuestro plan de seguridad, yo quiero hacerle una pregunta más sencilla: ¿Cuál es su plan, Gobernador?”. También enumeró los recursos municipales destinados a patrulleros, combustible, tecnología, prevención y presencia en las calles.
El cruce dejó expuesto algo más profundo que una disputa por mensajes sin responder. Bianco cuestionó la falta de coordinación institucional del Municipio en cuestiones de seguridad, infraestructura y ahora también en la administración de la Bahía Bristol. Neme, en cambio, convirtió la respuesta en un reclamo general a la Provincia por policías, patrulleros, infraestructura y recursos, y sostuvo que la administración bonaerense debía explicar cuál era su propio plan de seguridad. La discusión, así, terminó trasladándose del despacho municipal a las redes sociales y volvió a poner a la inseguridad en el centro de la escena.
El problema es que la seguridad fue precisamente uno de los asuntos que más exposición le dio al interinato. Neme defendió la Patrulla Municipal, la inversión en móviles y una política de mayor presencia territorial, e incluso llegó a reivindicar que no había que tenerle miedo a la “mano dura”. Pero al mismo tiempo, los reclamos vecinales por inseguridad continuaron y la discusión política terminó concentrándose en cuánto puede hacer el Municipio y cuánto depende de una Provincia que controla la Policía bonaerense.
Diez meses después, el balance político del interinato aparece atravesado por esa tensión. Neme intentó construir una identidad propia dentro de la continuidad del proyecto de Montenegro, mientras debió administrar reacomodamientos internos, diferencias políticas y una relación cada vez más tirante con la Provincia. El enfrentamiento con Bianco fue apenas el último capítulo de una sucesión de cruces que terminaron colocando a la seguridad en el centro de la discusión. Y allí aparece la principal paradoja del período, ya que mientras el Municipio insiste en mostrar presencia, inversión y acción en las calles, la inseguridad continúa funcionando como uno de los principales problemas que condicionan la agenda política de Mar del Plata.
Neme sostiene que gobernó con autonomía y que no recibió órdenes de Montenegro desde que asumió. Sin embargo, su interinato nació como continuidad de una gestión y termina dejando sobre la mesa una pregunta política inevitable, cuánto de lo que sucedió durante estos diez meses responde a una conducción propia y cuánto a las tensiones acumuladas de un oficialismo que todavía intenta encontrar su lugar mientras la ciudad reclama, antes que discursos y cruces, respuestas concretas frente a sus problemas cotidianos.