3 de noviembre de 2026
DOBLE VARA
Vito Contessi y el liberalismo a conveniencia
El empresario naval que supo celebrar el desembarco libertario ahora acumula críticas contra Javier Milei. De la simpatía por el cambio a los reproches por la política pesquera, su recorrido expone una curiosa relación con las ideas que llevaron al presidente a la Casa Rosada: el entusiasmo parece tener condiciones.

En el puerto de Mar del Plata, Domingo Vito Contessi parece haber encontrado una particular manera de interpretar el liberalismo: acompañarlo mientras las reformas prometen un cambio de rumbo, pero levantar la voz cuando las consecuencias llegan a las gradas de su astillero. El empresario que alguna vez se mostró entusiasmado con el proyecto de Javier Milei hoy es uno de sus críticos más recurrentes. Entre una posición y otra hay algo más que un cambio de opinión: hay una contradicción política que merece ser revisada.
Contessi no era un espectador indiferente durante el ascenso libertario. Identificado con las ideas liberales, acompañó el clima de cambio que desembocó en la victoria electoral a fines de 2023. La llegada de Milei al poder representaba, para buena parte del empresariado, la posibilidad de dejar atrás un esquema económico que consideraban agotado. El referente del Astillero Federico Contessi no escondía sus simpatías por ese ideario. Sin embargo, la luna de miel tuvo una duración bastante limitada. Apenas el nuevo Gobierno presentó la Ley Ómnibus, el empresario descubrió que la desregulación también podía tener consecuencias poco agradables. Los artículos 242 a 253, que proponían modificar el Régimen Federal de Pesca y habilitar licitaciones internacionales para la adjudicación de cuotas de captura, encendieron todas las alarmas del sector.
La reacción fue inmediata. Contessi calificó el capítulo pesquero como “nefasto” y advirtió que las modificaciones podían desarticular inversiones, comprometer puestos de trabajo y desalentar la construcción de nuevos buques. En declaraciones mediáticas, cuestionó que una empresa extranjera pudiera quedarse con recursos pesqueros sin asumir compromisos con el desarrollo industrial argentino. El planteo tenía una lógica empresarial evidente. Lo llamativo era que el mismo dirigente que simpatizaba con el programa libertario comenzaba a encontrar serios problemas en una de sus primeras reformas. El cambio seguía siendo necesario, aunque aparentemente no cuando implicaba poner en discusión las reglas de un negocio al que Contessi estaba directamente vinculado.
Desde entonces, la relación con la administración nacional fue acumulando desencuentros. En mayo de 2025, el empresario volvió a cuestionar una decisión del Ejecutivo, esta vez por la flexibilización de las condiciones para importar buques usados mediante el decreto 273/2025. La calificó como una “falacia ideológica” y advirtió sobre sus efectos en los astilleros nacionales. Otra vez, las consignas de apertura y competencia chocaban con los reclamos de protección de la industria local.
Para 2026, las críticas dejaron de ser episodios aislados. La crisis pesquera, la pérdida de rentabilidad, los costos operativos y la falta de renovación de la flota pasaron a ocupar el centro de sus intervenciones públicas. En septiembre, Contessi llegó a sostener que el Gobierno nacional “no desreguló absolutamente nada en materia pesquera”. El empresario que había acompañado el cambio ahora reclamaba cambios, pero de otro tipo.
Los números de su propio establecimiento terminaron de darle dimensión al conflicto. En mayo había advertido que el astillero pasó de ocho embarcaciones en construcción simultánea a apenas tres, mientras su plantel se redujo de 102 a 82 trabajadores. En octubre, la situación seguía deteriorándose: alrededor de 80 empleados y una actividad que, después de las próximas botaduras, dejará prácticamente vacías las gradas. Tampoco aparecen nuevas órdenes de compra que permitan proyectar una recuperación.
Contessi describe un escenario de morosidad, rentabilidad negativa y ausencia de respuestas oficiales. Habla de un sector que agoniza y de un 2027 “complicadísimo”. Sus advertencias merecen atención, especialmente por el impacto que la crisis tiene sobre el empleo y la capacidad productiva del puerto. Pero hay una pregunta que el diagnóstico económico no responde: ¿dónde quedó aquel entusiasmo por el modelo que prometía transformar la Argentina?
Porque el problema no es que un empresario modifique su posición frente a un Gobierno. Tampoco que reclame medidas para proteger una actividad estratégica. Lo que resulta políticamente significativo es la distancia entre el respaldo inicial a un programa que tenía entre sus principales banderas la apertura económica y la desregulación, y el rechazo que provocan ahora algunas de sus consecuencias. La defensa de la industria nacional es atendible, pero no parece haber ocupado el mismo lugar cuando el cambio todavía era una promesa electoral.
En marzo de 2023, antes de la llegada de Milei, Contessi reclamaba reglas de juego claras y advertía que ningún partido ni ninguna idea política tenía la verdad absoluta. “A la Argentina la salvamos o la terminamos de hundir entre todos”, había planteado durante una botadura. Una definición que, a la luz de sus posicionamientos posteriores, adquiere otra dimensión. La responsabilidad de construir un rumbo económico no puede depender exclusivamente de cuánto beneficia o perjudica a cada actividad.
El puerto marplatense tiene una historia industrial que excede cualquier gobierno y cualquier empresario. Por eso, las declaraciones de uno de sus referentes más visibles tienen un peso que va más allá de la coyuntura. Contessi tiene derecho a reclamar, cuestionar y exigir respuestas. Lo que no puede evitar es que también se revisen sus propias posiciones. Al final, el interrogante no pasa por determinar si Milei cumplió o incumplió las expectativas de un empresario. Pasa por entender qué clase de cambio estaba dispuesto a acompañar Contessi. Porque, a juzgar por su recorrido, el liberalismo parecía una buena noticia mientras se discutía en términos generales. Cuando llegó al puerto, aparecieron las excepciones, los reparos y las objeciones. El mercado, al parecer, también tiene sus límites cuando la cuenta llega a casa.