Obras sin permiso, cautelar y papeles pendientes: Plaza Rumencó vuelve a poner a prueba al oficialismo
La Comisión de Obras tratará nuevamente el expediente 1154/26 mientras persisten las dudas técnicas, ambientales y judiciales sobre el emprendimiento de Jorge Newbery 5035. Tras meses de controversias y cambios de titularidad, el caso se convirtió en un símbolo de cómo una obra pudo avanzar antes de obtener las autorizaciones que exige la normativa municipal y provincial.
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La historia de Plaza Rumencó dejó hace tiempo de ser la de un simple centro comercial proyectado para la zona sur de Mar del Plata. Lo que comenzó como un emprendimiento privado sobre la avenida Jorge Newbery 5035 terminó convertido en uno de los expedientes más sensibles del año para el Concejo Deliberante y en una prueba incómoda para el oficialismo municipal.
Este martes 4 de agosto, desde las 11, la Comisión de Obras y Planeamiento presidida por Fernando Muro volverá a poner sobre la mesa el expediente 1154/26, que propone afectar el predio al distrito de Equipamiento Específico (Ee) según el Código de Ordenamiento Territorial para habilitar allí un paseo comercial de gran escala.
La discusión llega después de meses de demoras, cuestionamientos y frenos internos. El dato que atraviesa todo el conflicto es conocido, pero sigue siendo el núcleo de la controversia. Las primeras etapas de la obra comenzaron antes de contar con la aprobación definitiva del Concejo y sin la Declaración de Impacto Ambiental exigida por la legislación provincial.
Mientras el expediente iniciaba su recorrido administrativo, en el terreno ya podían observarse desmontes, movimientos de suelo y otras intervenciones que despertaron la reacción de vecinos y organizaciones ambientalistas. La situación escaló rápidamente hasta la Justicia y el Juzgado Contencioso Administrativo N.º 2, a cargo de Marcelo Fernández, dictó una medida cautelar que ordenó suspender cualquier intervención material en el predio.
El expediente sumó nuevas capas de opacidad. Durante la tramitación de la causa se informó que las parcelas involucradas cambiaron de titularidad. El desarrollo del paseo comercial pasó a manos de Treelands S.A. y MPSG 5 Newbery S.A., mientras que otra de las parcelas quedó vinculada a Exfako S.A., donde se proyecta una estación de servicio.
Ese cambio de actores reforzó la percepción de que Plaza Rumencó se mueve en un terreno de maniobras poco transparentes, con responsabilidades que se trasladan de una sociedad a otra mientras las dudas centrales siguen sin resolverse.
El 14 de julio, los desarrolladores defendieron el proyecto ante la Comisión de Obras como un centro de servicios pensado para acompañar el crecimiento demográfico del sur del distrito. Sin embargo, las explicaciones no alcanzaron para convencer ni siquiera al propio oficialismo. Desde el radicalismo consultaron sobre la situación judicial del proyecto y el PRO advirtió que el expediente presentaba importantes faltantes técnicos.
La advertencia del PRO terminó inclinando la balanza hacia la prudencia y el oficialismo decidió no emitir un despacho rápido, manteniendo el expediente en estudio hasta completar la documentación requerida.
Ese antecedente convierte a la reunión de este martes en mucho más que un trámite de comisión. Si los concejales habilitan un avance sin que estén resueltos los informes pendientes y sin una definición clara sobre la situación ambiental y judicial, el oficialismo quedará expuesto a la acusación de intentar regularizar a posteriori una obra que ya avanzó sobre el territorio.
Pero si vuelve a postergar el expediente, quedará en evidencia que, ocho meses después de que Plaza Rumencó comenzara a generar ruido político, el Municipio todavía no logró reunir las condiciones mínimas para darle un marco legal sólido al proyecto.
El caso también deja al descubierto una discusión más profunda sobre el modelo de crecimiento urbano en la zona sur de Mar del Plata. La pregunta ya no es solamente si el paseo comercial puede construirse, sino bajo qué controles, con qué estudios y con qué capacidad real del Estado municipal para impedir que una obra privada avance antes de obtener las autorizaciones que exige la normativa.
El martes puede no resolver el futuro de Plaza Rumencó, pero sí marcar un punto de inflexión para un proyecto que, desde sus primeros movimientos de suelo, se convirtió en el ejemplo más visible de cómo una obra privada puso contra las cuerdas al sistema de control urbano de General Pueyrredon.