12 de octubre de 2026
RUMBO AL VERANO
Mar del Plata entre vacilaciones turísticas y maniobras en la planta permanente
Con una ocupación hotelera que apenas rondó el 45% en el crucial fin de semana largo de octubre, Mar del Plata despide este lunes un feriado que deja al desnudo no sólo la retracción del consumo y el impacto climático, sino la agobiante inercia de una clase política atada a las coartadas y envuelta en graves polémicas institucionales.

El fin de semana largo que históricamente funciona como el termómetro definitivo de cara a la temporada estival cierra sus puertas con números que encendieron las alarmas en la economía local. Las previsiones oficiales que auguraban un piso del cincuenta por ciento de reservas se desdibujaron al compás de un pronóstico meteorológico adverso, jornadas grises, temperaturas que apenas rozaron los doce grados y precipitaciones intermitentes que desactivaron las escapadas de última hora.
Las rutas hacia la Costa Atlántica, con un tránsito fluido y sin demoras según reportó Aubasa, terminaron por graficar una postal de escaso movimiento que contrasta fuertemente con los registros de años anteriores, cuando la ciudad supo convocar a más de ciento catorce mil turistas en 2024 o superar los cien mil con el impulso de los Juegos Bonaerenses en 2025. Hoy, con un sector inmobiliario que se describe como muy tranquilo y un consumo asfixiado por la pérdida de poder adquisitivo, el diagnóstico económico es por demás delicado. Sin embargo, reducir el balance a la inclemencia del tiempo o a la estrechez del bolsillo popular es caer en la trampa favorita de la dirigencia local.
Mar del Plata corre el riesgo de consolidarse como la capital nacional del pretexto. Oficialistas y opositores, de todos los colores partidarios, parecen entrenados en el arte de justificar el estancamiento mediante el comodín perpetuo del pero. Si la ocupación decae, la culpa es inexorablemente del clima; si el movimiento repunta levemente pero el gasto se desploma, la explicación se reduce a la falta de dinero; y si todo falla, siempre queda a mano la invocación de crisis estructurales o pasadas. La ciudad combina atractivos inigualables como sus playas, sus sierras y una gastronomía de jerarquía, pero los administra bajo un denominador común inalterable: la coartada discursiva. Se gobierna bajo la premisa de que el clima frío, ventoso y hostil es una anomalía imprevista, cuando en realidad la meteorología adversa forma parte de la identidad geográfica histórica de la costa marplatense. Pretender que Mar del Plata funcione únicamente cuando el sol brilla y las condiciones son óptimas evidencia una falta absoluta de planificación estratégica para consolidar un destino turístico activo durante todo el año, a pesar de las contingencias climáticas o económicas.
Esa incapacidad estructural para gestionar más allá de la coyuntura favorable encuentra su correlato más fiel en la conducción del área. Al frente del Ente Municipal de Turismo y Cultura (EMTURyC), Diego Juárez encabeza una estructura que, comenzando por él mismo, carece de perfiles idóneos capaces de dar un giro profesional a las políticas turísticas de la comuna. Lejos de constituir una excepción aislada, la precariedad en la conducción técnica del organismo se enlaza con un escándalo administrativo que sacude los cimientos del municipio. El caso más elocuente es el de la directora general de Turismo, Valeria Méndez, cuya designación en planta permanente desató un frente de tormenta interno. El Sindicato de Trabajadores Municipales (STM) advirtió sobre profundas inconsistencias y presuntas irregularidades legales en su nombramiento, señalando que el mismo día en que se aceptó su renuncia a un cargo político fue recategorizada como personal de carrera y, horas más tarde, promovida al máximo cargo jerárquico permanente sin mediar concurso público ni el proceso de selección exigido por la Ley 14.656 de Empleo Público Municipal y los principios constitucionales de igualdad y legalidad.
La maniobra, denunciada por el gremio como un artilugio para transformar puestos políticos en estables en detrimento de la carrera administrativa de los trabajadores municipales, se profundizó con un condimento que desgasta la paciencia interna: en pleno fin de semana largo, con el sector turístico en crisis y la ciudad necesitada de liderazgos firmes, la funcionaria hizo uso de sus catorce días de vacaciones reglamentarias como agente municipal. Esta secuencia de improvisación, vaciamiento de controles meritocráticos y respuestas ausentes profundiza el desánimo entre los agentes del propio EMTURyC y desnuda la fragilidad de una administración que camina a la deriva.
Mientras Mar del Plata espera respuestas serias y reclama profesionalismo, la política local sigue atrincherada en sus privilegios, cambiando soluciones de fondo por un rosario interminable de excusas.